Durante los noventa, la etiqueta Power Pop fue la que marcaba la mayor concentración de emoción melódica con la que rellenar nuestros abatidos oídos, por culpa de aquella nube de smog llamada Noise Pop que tapó lo que hasta entonces había sido un horizonte bastante lustroso. Para un joven miope, eso sí.
“Power Pop is back!” era el lema del catálogo de distribución de Ángel Snap, y uno sentía que el motor volvía a zumbar alegremente. De entre todos aquellos nombres que sirvieron como guía de provechosas propuestas, sin duda el de Alan Haber se mantuvo siempre como el más fiable. En él reconocí que la escena powerpopera podía guardar todas sus fuerzas no para sentenciar y mostrarse estrecha de miras, sino para ofrecerse como la vía más directa hacia la persecución de esa esencia común que suma en vez de restar: el buen gusto por la melodía.
Alan Haber tenía una página llamada Pure Pop (sigue como programa de radio), que no es sino otro nombre (¡según mi lenguaje, así mi mundo!) para atrapar esa esencia que hace que una canción sea redonda. Sus comentarios mostraban la contagiosa alegría del que descubre y disfruta con las canciones; allí podías encontrarte referencias a grupos de guitarras briosas con las que desarrollar melodías aún más exultantes, pero es que junto a ellos también estaba muy presente la gran tradición del pop en todas las décadas. Seguramente fue entonces cuando aprendí otros términos como Sunshine Pop o AM Pop, que podían servir para reafirmar esa querencia por devolverle siempre el protagonismo a las canciones. Independientemente del uso de guitarras o teclados.
Me acuerdo del descubrimiento de Brad Jones o Richard X. Heyman, pero también del repaso a los Rubinoos o a los Harpers Bizarre, y de sus elogios más que merecidos al gran, gran, gran Curt Boettcher.
Jordan Oakes demostró poseer, con sus fenomenales Yellow Pills, una sensibilidad pop mayor de lo acostumbrado, pero Alan Haber era el que tenía el oído más fino y sensible para mi gusto; más que John M. Borack; mucho más que David Bash. Y creo que la mayor prueba es el repaso a algunos de mis favoritos desde entonces, conocidos gracias a él: David Grahame, Jeffrey Foskett, Mark Johnson…
Bueno, pues entre las secciones de aquel sitio dedicado al pop de ahora y de siempre había una llamada “Jingle Jangle Morning”, firmada por Eric Sorensen y que tenía como logo el clavijero de una Rickenbacker 360/12 con su nombre imitando la serigrafía de la marca. Una chulada.
Se convirtió en mi columna favorita, hasta que aquel web ‘zine pasó a ser de pago y, al poco tiempo, ya cerró. Pero me dio tiempo a desarrollar el gusto por el celestial sonido de aquellas guitarras tocadas como lo hacía Roger McGuinn.
Desde entonces siempre intenté seguir las críticas de este fan del pop repiqueteante. Tras el cierre del web ‘zine, al poco tiempo me lo encontré en el de Mike Bennet, Fufkin, congelado desde 2007 pero que aún se puede visitar. En esta ocasión, su columna se titulaba “Random Observations of a Jangly Music Fan”, y seguía con su particular cruzada janglehólica, por utilizar una se sus típicas expresiones, como la de “Long may you run, Sir…” (y el nombre de quien se tratase), al terminar su agradecida crítica.
Algunos de los más brillantes -y talibanescos- ejemplos de pop tintineante siempre los tendré asociados a él: The Kennedys, Les Fradkin, Horst-Peter Schmidt y GAT…
Siempre ha sido un buen caladero de material para ir renovando los recopilatorios 12×12.
Pues de esto se trataba, precisamente. Volví a encontrarme con Sir Eric en el sitio que se ha montado otro de aquellos nombres del Power Pop durante los 90: Bruce Brodeen, con su sello Not Lame y, desde hace poco, con la página “para la comunidad powerpopera” Pop Geek Heaven; un poco rimbombante, sí, pero es que el amigo Bruce es de esos tipos que saben vender bien su pasión (en mi vida me encontré con críticas más excesivamente elogiosas que las de su catálogo de distribución).
El caso es que ha tenido el acierto de acordarse del professor Eric Sorensen, que vuelve a la carga con un curso de jangle dentro de “La zona para gurús” Pop Academy. En su repaso por décadas vuelve a dar los nombres que él suele repetir: el clásico folk-rock de los sesenta con algunos nombres más oscuros (The Dovers); los Searchers de los setenta, Starry Eyed & Laughing; Dramarama o Jimmy Silva en los ochenta; Different Faces o Bill Lloyd en los noventa…
A la espera de la continuación del curso, el regalo ya ha llegado con un recopilatorio al uso que tira de magnífica presentación: gráficos y guitarras cortesía de los hermanos Mendoza. El contenido, parece, corre a cargo de Bruce Brodeen, pero igual la firmaría Sorensen, que lo “produce”: GAT, Les Fradkin, Bobby Sutliff… Muchos conocidos pero siempre bienvenidos, caso de esa especie de francotiradores que son Bill Retoff o Rich Arithmetic. Y de momento una favorita: la versión que se marca Craig T. Fall de la clásica “Rain”. Lluvia electrizante.
Por cierto, a este señor lo conocimos de los tiempos del Napster, cuando en internet había una página de mp3 que tenía una categoría sobre sonidos Rickenbacker de la que cogí canciones interesantes, entre ellas alguna suya.
Craig T. Fall es músico de sesión con estudio propio, y además está detrás de un compresor de sonido llamado Janglebox: ya se preocupa él de mostrar cómo suena para los aficionados a tan repiqueteante sonido.
























