MARIO AMORÓS: 75 AÑOS DESPUÉS. LAS CLAVES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (Ediciones B, 2014)

mayo 10, 2016

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En el vasto océano que forma la bibliografía sobre la Guerra Civil, la obra del economista e historiador Ángel Viñas sobresale como guía sólida, clarificadora y necesaria para hacer frente a tanto debate. Para los interesados en aquellos drámaticos años queda como ineludible su monumental tetralogía sobre la República en guerra, de la que este libro puede servir como manual resumido en el que repasa su frutos mediante una conversación entre el también historiador Mario Amorós.

Comencemos otra vez: en el combate por la historia, la labor investigadora de Ángel Viñas ilumina con luz clarificadora. “La historia no se escribe con mitos. Sin archivos no hay historia. Toda la historia no está en los archivos, pero no puede escribirse historia sin ellos.”.

Frente al debate interesado, evidencia primaria; documentación relevante de época, e inédita: “Esa que produce urticaria a los historiadores pro-franquistas.”

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Lecciones de historia: la importancia de la trama civil, además de la militar, para la sublevación; la hostilidad británica y la pusilanimidad francesa hacia la República, con la política de No Intervención; la decisión político-militar de Franco de no acabar la guerra demasiado pronto, dado sus intereses personales; un Stalin pragmático; la puñalada trapera final de Besteiro y Casado asestada a la República…

-Negrín jamás asumió compromisos con la URSS que pudieran influir en el futuro del país. Franco sí lo hizo con sus protectores.

-Los republicanos tuvieron que aprender la dura lección de que en la guerra los éxitos diplomáticos y los éxitos políticos son una consecuencia de los éxitos militares. Y como no tuvieron éxitos militares, tampoco avanzaron en los otros ámbitos.

-La responsabilidad por la sublevación militar del 16-18 de julio es el tema central de la Historia contemporánea española. De la respuesta que se dé depende la interpretación de lo que siguió después.

… Y de cómo hacer historia:

A través de la investigación en los archivos, los historiadores avalamos o descartamos hipótesis y tesis ya planteadas. La Historia es un proceso definido y contrastado intersubjetivamente de creciente aproximación a la verdad.

No se escribe historia para la eternidad, es un campo cambiante y mutable por definición. Sin embargo, a veces leo a ciertos historiadores, españoles y extranjeros, y encuentro afirmaciones rotundas que no dejan resquicio a duda alguna, que creen tener el mismo valor que las tablas mosaicas. en este caso, opto por las carcajadas.

Y para los abrumados que se refugian en un supuesto objetivismo malentendido por interesado, nos recuerda que no, que no todos fueron iguales: “Unos se sublevaron bajo pretextos bastardos y otros resistieron la sublevación como pudieron. Recordemos aquel comentario al respecto de la hispanista inglesa Helen Graham:

La objetividad no es una posición equidistante entre cualesquiera dos puntos. Eso es lo que siempre me molesta en estos debates. Vamos a llevarlo a un extremo absurdo: Nadie en su sano juicio argumentaría que una historiografía objetiva de Alemania en los años treinta debería situarse en un punto medio entre los nazis y aquellos a quienes éstos atacaban. Nunca he entendido esta asociación de la objetividad con alguna clase de posición intermedia. Toda esa idea necesita ser deshecha; hay algo fundamentalmente equivocado en ella.

Lo que mueve a los historiadores es la sed de entender. Tratar de entender presupone que no vas a falsificar las pruebas o contarla como no es. Y si eso no es objetividad entonces no sé qué es. Ahora bien, nosotros también somos humanos. Todos tenemos nuestras historias, cosas que nos interesan, preguntas a las que queremos encontrar respuesta. En ese sentido, ningún relato escrito por un ser humano es jamás enteramente objetivo. Pero eso no significa que esté distorsionado o mal. Si ese ser humano es un historiador profesional honesto consigo mismo y con el material –si ha leído todo, pensado sobre ello y visto cómo encaja sin esconder o inventar nada– entonces está siendo fiel a su vocación. Más allá de eso, creo que no tenemos de qué preocuparnos.

 

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A lo largo de cuatro décadas la dictadura creó un canon de interpretación del pasado. Ese canon caló en la sociedad y perdura hasta hoy en sectores importantes de la población. ¿Cómo contrarrestar su influencia? La tarea del historiador es ganar la batalla por la Historia. La batalla política por el futuro es otra cosa.

 

 

Pablo Uriel: No Se Fusila En Domingo (Pre-Textos, 2005)

abril 24, 2016

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Un joven médico que se ve sorprendido por la sublevación militar de 1936 mientras remonta el Ebro en su piragua… Las memorias de guerra de Pablo Uriel dejan constancia de su valía como observador para ayudarnos a entender aquel terrible conflicto desde un punto de vista humanista; seguramente la manera más apropiada de acercarse a él teniendo en cuenta las consecuencias que de todo aquello aún arrastramos.

Un par de cuestiones parecen estar especialmente presentes en sus recuerdos de la represión en territorio franquista, luego en el ejército de Franco y finalmente en la zona republicana: la docilidad para morir mostrada por las víctimas ante sus verdugos, algo que le sorprende y ante lo que se revela, pues facilitaba “aquella terrible justicia que defendía la verdad de los poderosos”:

Morían sumergidos en una especie de pasmada perplejidad que anulaba su capacidad de lucha (…) Si cada uno de los miles de fusilados hubiera defendido su vida, aún estarían corriendo los generales sublevados.

Junto a esa experiencia, vivida especialmente durante el tiempo que pasó preso en la Prisión Militar de Zaragoza, Pablo Uriel no deja de lamentarse a lo largo de sus memorias del papel que la religión católica jugó en manos de los sublevados:

Nadie parecía comprender lo profundamente anticristiano de este Movimiento que satisfizo tantas aberraciones y perversiones.

Uno de los pretextos para esa guerra era la necesidad de garantizar en España una doctrina de paz y amor. Éramos testigos de la falacia y la hipocresía de ese pretexto. La forma en que morían los presos constituía un ultraje a la memoria de Jesús, cuyo nombre tanto se invocaba y cuya doctrina se vulneraba más en la zona de Franco que en la republicana.

Si veinte siglos de catolicismo en España no habían logrado que los católicos fuesen menos sanguinarios que los ateos, era evidente que los textos donde se aprendía esa doctrina no eran muy convincentes.

Y para los que se parapetan en el fiftyfiftysmo del “Y tú más”, convendría que cayeran en la cuenta de algo que el autor deja bien presente:

En la zona republicana también se mataba impunemente, pero nunca por orden de las autoridades republicanas. Ellas se esforzaban por evitar estas muertes, movidas por el horror que toda persona normal debe sentir ante este tipo de crímenes. Los fusilamientos ilegales en la zona republicana provocaron, en los liberales y hombres de izquierda, un sentimiento de reprobación que no se producía en los hombres de derechas en la zona de Franco.
En la zona republicana los fusilamientos ilegales fueron considerados como crímenes, no como actos de justicia.

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Los que busquen acción trepidante envuelta en humo, cascotes y metralla la encontrará en su relato de la batalla de Belchite, pues estuvo al cargo de la enfermería montada en la iglesia de aquel “pueblo apaleado.”

Quien además guste de subrayar algunas frases literarias especialmente felices se topará con algún que otro hallazgo:

Un fusil ametrallador es una máquina torpe y ciega que dispara sus proyectiles caprichosamente; una maravilla de la ingeniería que siembra la muerte como una trágica regadera. El instrumento perfecto para un asesino morboso.

Aquellos que consideren que las mejores memorias sobre la guerra civil suelen dejar reflexiones esclarecedoras sobre nuestro presente obtendrán, también en estas, algún ejemplo valioso:

Al cabo de veinte años un nueva generación ha venido a constituir una gran parte del cuerpo nacional, y esta generación ha sido formada en un clima de indiferencia y desconocimiento buscado por nuestros gobernantes. Puede afirmarse que si en los primeros diez años el secreto de la estabilidad era el terror, hoy lo es por el hecho de que el pueblo español, quizás desilusionado, ha depositado toda su capacidad de pasión en el fútbol; sería difícil precisar cuál de estos dos estados anímicos es más pernicioso para España.

Y para los “lectovidentes” más amantes de la plasmación gráfica de los sucesos que de su descripción escrita, la crónica visual que a base de angulosos trazos Sento Llobel (yerno suyo, por cierto) ha hecho de estas memorias les animarán a conmoverse y a comprender el dramatismo de la guerra desde una perspectiva cívica y humanista. Precisamente este fin de semana el dibujante valenciano ha presentado la tercera entrega, Vencedor y Vencido. Con el deseo de que ahonde en las notas que dejó su suegro sobre la parte del desenlace final de la guerra, pues en la obra sus recuerdos de la zona republicana saben a poco, y uno quisiera seguir sabiendo de sus vicisitudes, por muy adversos que los sucesos fueran.

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24 abril: X Carrera del Desierto Tabernas

abril 24, 2016

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Tiempo: 00:53: 53

Puesto general: 30

Puesto categoría: 6

Ritmo: 04’39” el km

Zapatillas: Mizuno Wave Rider 18.

10 abril: 10 km Puerto de Almería

abril 10, 2016

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Tiempo: 0:44:19

Puesto General: 225

Puesto Categoría: 34

Zapatillas: Joma Titanium XVI

13 marzo: XL MEDIA MARATÓN CIUDAD DE BAZA

abril 10, 2016

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Tiempo: 1:40:56

Promedio: 4:44

Puesto General: 243

Puesto Categoría: 53

Zapatillas: Joma Titanium XVI

CLASE DEL SETENTA 1

marzo 17, 2016

Un programa de canciones en el que no importa tanto la fecha como las maneras.

 

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1.Ricci Martin – Stop, look around /2. Precious love (Beached. Epic, 1977/Second Disc Records-Real Gone Music, 2015).

Hijo de actor famoso y con una relación de amistad con la gran familia Beach Boys (suya fue por ejemplo la foto de portada de Sunflower), especialmente con Carl Wilson, responsable de meterlo en los Brother Studios de Santa Monica y grabarle un álbum rodeado del grupo de músicos utilizado en su famoso Pacific Ocean Blue. Dos discos que salieron el mismo mes, en agosto del 77.

 Beached comienza con “Stop, look around”, la canción que animó a Carl Wilson a hacerle este disco con composiciones del propio Ricci Martin que por fin fue reeditado el año pasado.

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3. John Townley – Woman of age (Townley. Harvest, 1979).

Producido por Chris Rainbow. El siguiente -y último- de este cantante británico correría a cargo de Alan Parson y los suyos.

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4. Chris Rainbow – Tarzana reseda (House Of The Brave. Polydor, 1975).

5. Chris Rainbow – Dear Brian (Looking Over My Shoulder. Polydor, 1978).

El gran Chris Rainbow, fallecido el año pasado con un legado de tres elepés a finales de los setenta. Como en tantas otras ocasiones, ha sido en Japón donde ese legado se rescató a principios de los noventa; también gracias a unos recopilatorios editados por el sello de Koki Emura, EM Records, que a finales de aquella década parecía imparable en predicar la etiqueta “Harmonic melodic pop”, como le gustaba decir, con reediciones de nombres como los de Harmony Grass, Chris White e incluso de aquel single de Fantastic Something, “If she doesn’t smile”. Luego se diversificaría y abarcaría campos más experimentales.

“Tarzana reseda” abría su primer álbum, House Of The Brave, con un sonido a cargo de los productores de los discos de Stevie Wonder de aquellos años.

“Dear Brian” aparece en su tercer elepé, Looking Over My Shoulder, de 1978, y es un grand tributo de este músico de Glasgow, bien llamado “El One Man Beach Boys” por su colega Alan Parsons. No es de extrañar que el propio Brian Wilson lo celebrara nada más escuchar la canción.

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6. Brian Wilson-Melt away (Brian Wilson. Sire, 1988)

Era el propio Brian Wilson con “Melt away”, una de las grandes canciones de su disco homónimo para Sire, en 1988, el producto del trabajo compositivo de unos años previos cuya constancia se la debemos todos los aficionados a gente como Andy Paley, empeñado en seguir animando al gran genio de la música popular para que no decayese, robándole tiempo a la continua interferencia del doctor Eugene Landy y animándole a confiar en la valía de su arte y en la belleza de canciones como la que hemos escuchado.

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7. Chris White – Spanish wine (Mouth Music. Charisma, 1976 / EM Records, 1999).

“Spanish wine” es una canción extraordinaria a cargo de un cantante inglés con un nombre quizás demasiado ordinario, siendo habitualmente confundido con el guitarrista de The Zombies (y hasta con un saxofonista de los Dire Straits). El Chris White aquí reivindicado fue rescatado por EM Records en 1999, después de comprobar cómo circulaban las copias grabadas de Mouth Music entre los aficionados; así, se dice que cuando le pasaron una cinta, Sean O’Hagan comentó que le pareció el Friends de los Beach Boys pero tocado por The Alan Parsons Project.

Otro dato compartido con Chris Rainbow es también su fallecimiento en 2015.

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8. Leon Haines Band – Kenny (I Wanna SeeYou Now… Killroy, 1980)

Ninguna información acerca de esta banda holandesa, así que la pregunta es, evidentemente, ¿cuándo será reeditado como se merece este elepé?

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9. Darian Sahanaja – Do you have any regrets? (Wizzard In Vinyl, 1997 / Pop The Balloon, 1997)

“Grabado en 1992 en quadrotrack splendour”. Versión de “Do you have any regrets?” en la que brilla esa guitarra en cascada a cargo de Nick Walusko. Proto-Wondermints. Luego terminarían siendo parte esencial del equipo alrededor de Brian Wilson, recreando el Smile en 2004.

Single editado en 1997 en Japón y en Francia, y canción últimamente rescatada por Ace Records, poniéndole así la etiqueta de clásica al incluirla en el recopilatorio Here Today! The Songs Of Brian Wilson.

Clase del Setenta #1

 

 

19 octubre: El Arroyo Olías desde el otro lado

octubre 24, 2015

(28 km; 2h 25′)

He aquí una corta ruta con más de un atractivo: el motivo principal era poder ver el Arroyo de Olías desde el otro lado, subiendo por Los Finos tras dejar el barranco de Topar, que habíamos tomado antes de llegar a Los Cerricos: se trata de una rambla poco ancha, compacta, encajada entre laderas, como nos gusta. Desde El Villar hasta El Collado de La Madera, visto desde cierta altura, el barranco luce vistoso con su pequeña alameda y la carretera pegada a la roca del Peñón de La Cruz.

Añadámosle el toque histórico del torreón de El Villar y -al poco, allá arriba a la derecha- el Castellón de Olías, y el tramo aventurero por la zona del cortijo de Cañaricos, pues habrá que sortear una presa de gavión -tan habituales por estos barrancos- y por un estrecho sendero que desafía al más reticente en bajarse de la bici accederemos a la pista que nos lleva a la clásica del Barranco de Aíx que sube hasta las antenas de Roza. Quien quiera podrá hacerlo, nosotros nos dejaremos caer hasta La Rambla por Los Timoteos. Ya solo quedará algún tramo de subida rebasando el 20% hasta tomar la carretera a la altura de La Media Legua.

Ruta en Wikiloc.

Acaban de asfaltar la cuesta de María: el progreso nos pasa de largo con facilidad.

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Barranco de Quiles, Boca de Oria, El Margen… Rutas muy habituales, será por eso que ya nadie se inmuta ante nuestro paso:

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Por Los Finos, una vez dejado el barranco de Topar, que ofrece un piso ciclable como dios manda: tan hartos de ramblas arenosas, cuando no rizadísimas.

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Desde ahí, abajo a la izquierda, vemos el Arroyo Olías, con sus álamos por el barranco. Y un nombre atrayente: el Collado de La Madera, siguiendo a la derecha:

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El tramo técnico del día: en vez de subir por el camino de la izquierda, por el que solemos ir hacia el Arroyo Medina, decidimos seguir por lo que queda de barranco y, tras sortear la presa, enlazar con la pista vía sendero bastante sucio, dificultoso, muy cerca del precipicio. ¿Quién lo hará subido y con las calas puestas? Nosotros no.

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Para redondear, el encuentro con la proverbial buena acogida de las gentes del lugar. Con todo, prueba superada.

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Terminaremos cayendo a La Rambla por aquí:

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… Y por aquí buscaremos en subida el asfalto, a un par de kilómetros de Oria, a la que entraremos por el Camino Viejo de Albox.

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ERMANNO OLMI: TORNERANNO I PRATI (2014)

octubre 14, 2015

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Volverán las praderas, “y de todo lo que hemos sufrido no quedará nada. Y ya no parecerá verdadero.”

En año de conmemoración, tuvo que venir el gran Olmi para dejarnos, con su profundo sentido humano, seguramente la mejor película sobre la Gran Guerra. Antibélicamente hablando, claro está, pues así debería ser todo el cine de temática militar: frente a la heroicidad o el espectáculo de la violencia, la mirada sobre el sufrimiento del soldado raso. Una mirada desoladora pero compasiva, pues el cine de Ermanno Olmi responde a una dialéctica religiosa entre la pequeñez del ser humano y su grandeza espiritual.

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Frente italiano en Los Alpes, sector nororiental: un puesto de avanzada, rodeado de nieve y silencio, muy cerca de la trinchera austriaca, recibe la visita de unos altos cargos con órdenes suicidas. Frente a sus ánimos huecos, el sargento Emilio:

¿De qué nos sirve que se haga justicia después? Después es demasiado tarde. Renuncio al grado y recupero mi dignidad.

Película de testimonios personales -con actores sin el menor vicio de amaneramiento o protagonismo-, basada en el relato de un combatiente y dedicada a la memoria de su padre, que también lo fue y sufrió el drama de la guerra en plena juventud, como tantos y tantos.

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Al comienzo, un soldado en lo alto de la trinchera, cantando. Una bella escena en la que, por unos minutos, la música se sobrepone a la muerte.

Las canciones son más poderosas que los disparos de fusil. Van directas al corazón.

Al final, ese mismo soldado se negará a seguir cantando (“Si no tienes el corazón contento, nadie te escucha.”) desobedeciendo las órdenes del joven teniente que ha tomado el mando del destacamento, cuya carta personal -dictada de cara a la cámara- resumirá el sentir de la película:

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De repente me he convertido en un hombre viejo, al punto de que mis ideales han perdido todo el significado, al igual que mi juventud. Pero lo más difícil será perdonar. Si un hombre no sabe perdonar, ¿qué clase de hombre es?

Y entre medias, más primeros planos enmarcados en un gris homogéneo y combinados con la vista aérea de la trinchera, en la gran montaña (fotografía del hijo del cineasta), ofreciéndonos una mirada de arrasadora belleza.

Ante las órdenes criminales dadas por el Estado Mayor desde el cómodo escritorio:

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No quiero nada del mundo. Solo quiero estar aquí y ser capaz de amar a mis hijos.

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He pasado más tiempo fuera que en casa. Ni siquiera recuerdo a los míos sentados alrededor de la mesa.

Frente a la apología de la guerra, su condena sin apelación. Uno se acuerda de películas como All quiet in the western front (Lewis Milestone, 1930) o  Les croix des bois (Raymond Bernard, 1932), pero también de la adaptación que Zurlini hizo de El Desierto de los tártaros (las ilusiones de un joven militar frente a lo desconocido en un marco geográfico imponente, con la ominosa presencia de un enemigo invisible) y, evidentemente, de la obra de otro grande, Jacques Tardi. De seguro que habrá aplaudido a rabiar.

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26 septiembre: Urrácal y Somontín

septiembre 30, 2015

(50km; 3h 12′)

Un entretenido paseo de cincuenta kilómetros a base de ascensos y descensos entre pinares para una rápida visita a Urrácal y Somontín (quedaría Lúcar como tercera población en el clásico asalto a Los Filabres) con una variedad de firme (pista forestal, cemento y asfalto) que se preveía divertida pero que, por culpa del paso de vehículos pesados -con ocasión del acementado de la subida a las antenas de Urrácal- dejan un tramo de pista hasta La Cerrá hecho cisco, peligrosísimo con tanto banco de grava suelta. Una pena. Nos permitimos el lujo de prescindir de unos de los mayores atractivos de la ruta: el mirador de La Cerrá, parada hoy no obligada por cuestiones de tiempo. Repostamos agua en los caños de San Sebastián, en Somontín, antes de iniciar el paciente ascenso por la cantera, ya de regreso al otro lado.

Ruta en Wikiloc.

Como teníamos que estar de regreso a mediodía, comenzamos bien temprano, buscando El Royo vía el camino del Serval. Vamos por El Collado mirando hacia atrás, disfrutando del rojizo amanecer, pensando que tal vez toda buena ruta, a esas horas, debería comenzar de cara al encuentro con el amanecer. Pero pronto se romperá el momento lírico, conforme pasemos por el cortijo de Antonio el de Pepa y su correoso perro nos salude de aquella manera.

Avistamos El Royo a primerísima hora de la mañana:

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Las obras de mejora del camino a las antenas de Urrácal son las cusantes de que la pista forestal se muestre especialmente peligrosa. Demasiada tela para la High Roller delantera y para la pericia del piloto, así que se impone la cautela.

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Urrácal:

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la fuente de San Sebastián, en Somontín. Aún recuerdo aquella vez que me la encontré seca. Muy desagradable.

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THE LOCH NESS MOUSE – Warm circuitry (2015)

julio 15, 2015

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The Loch Ness Mouse es uno de esos nombres -como The Silly Pillows y, especialmente, The Time Lodgers- que aquí quedaron por siempre conectados a aquel sello también noruego de perfecto nombre y logo cuyo recopilatorio no desmerecía:

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Démosles de nuevo la bienvenida, después de tantos años, gracias a esta “Warm circuitry” (conocida por su inclusión en uno de los irregulares volúmenes que Alistair Fitchett habitualmente suelta entre salida y salida en bici), y que encuentra excelente acomodo en el limpio y luminoso rincón Prefab Sprout. Es La canción del momento.

Estaremos atentos a ese nuevo álbum que dicen que están terminando.

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The Loch Ness Mouse – Warm circuitry