Marraque

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Piedras, polvo, sol y moscas. Descubriendo el territorio betetero por la capital almeriense y alrededores, hay un nombre de barriada cuya resonancia me resulta adecuadísima a la hora de expresar las condiciones bajo las que por aquí se desarrolla la afición por la bici de montaña: “Marraque”. Ramblas arenosas y barrancos pedregosos; veredas de alta dificultad técnica (¿buscabas veredas? ¡Pues toma “vereas”! Pero ahora no te bajes), caminos rotos por trialeras, que se diría llenos de llagas y mataduras, como las señales que fueron dejando en otros tiempos el roce de los arreos en la piel de los mulos; pegajoso asfalto ensuciado con residuos agrícolas; canteras y excavaciones mineras; matorral quemado y sombras escondidas solo en cuevas; cortijos en ruinas y construcciones a medio hacer, ya deterioradas… Marraque.

Sequedad y ventolera; olor a salitre y efluvios fitosanitarios; cascotes de ladrillo y vidrio y bolsas de plástico por doquier. Sobre todo eso, basura, mucha basura… Marranus marraquensis.

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Convencido de que el paisaje modela al paisanaje; de que esta pertinaz sequía asola la riqueza expresiva, imaginativa, moralmente alta de las personas que sufren unas condiciones cada vez más severas. Igual es mejor no esperar la bienvenida de según qué ojillos negrísimos que a tu paso te escrutan de soslayo. En fin, serán las ganas de combatir esta rabia engañándonos con una especie de determinismo geográfico cuanto menos comodón.

Pues así vamos, marraqueando por Almería. No será de extrañar que los aficionados de por aquí estén fuertes, vista la cancha por la que uno puede foguearse.

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A falta de ir profundizando, tres salidas aparecen como las más clásicas de por aquí: el camino a Enix, popularmente conocido como La Peseta; la subida a Sierra Alhamilla (El Puntal y El Colativí; desde el Mini Hollywood o desde la capital; con bajada por la misma cara -por Los Góngora, por ejemplo- o por el lado sur, vía Marraque o hacia los baños) y la propia subida a Los Baños de Sierra Alhamilla, mezclando rambla y asfalto.

Ah, se me olvidaba el levante: hacia La Fabriquilla o más, por Vela Blanca y el faro de Cabo de Gata… Pero es que el dichoso viento de poniente a la vuelta desanima bastante.

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Queda seguir explorando en busca sobre todo de más veredas, que son sin duda lo mejor que uno encuentra por aquí: por las Cuevas de Los Medina y de Los Úbedas, buscando los cortijos de la vertiente sur de Sierra Alhamilla: Los Albaricoques, El Puntalillo, Los Chacones… O por Alhama y Gádor, con el camino romano por encima de Santa Fe de Mondújar…

Y ya en la propia sierra de Gádor, recuerdos de mis primeras salidas con la Conor hacia el Peñón de Bernal y la fuente del Tartel; al parque eólico de Enix y la Chanata… Ah, pero aquellos primeros años de afición sin contaminar estaban libres de marraque.

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