QUIERE-TÉ

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Un oasis en la desértica Almería; y no parece un espejismo, al estar celebrando ya su quinto aniversario. Será que cuando se echan ganas para avivar una pasión, todo es posible; incluso conseguir enfrentarse a la arrastrada pasividad y dejadez de esta ciudad.

Una tienda dedicada al té llena de cuidados detalles y con una amable dependienta que sabe transmitir la afición por una bebida con la leyenda -dicen que comprobada- de ser fuente de salud, pero sobre todo válida -oh, magia- “para perforar el hielo inevitable que generan dos ingleses nada más juntarse.”

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Nosotros vamos a dejar de lado ceremonias sociales con aspiraciones de grandeza; y como tampoco poseemos la hondura espiritual que parece tener en Japón, nos quedaremos pensando, al tomarlo, en su noble naturaleza avivadora de la amistad (al compartir el gusto por las pequeñas costumbres acogedoras), desconocedora de la zafiedad de lo humano, por más que tantos y tantos aprovechen la hora del té para chismes y rumores; maldades sutiles, en todo caso, pues como decía Fielding, nada endulza más el té que las historias de amor y de escándalo.

Así que iremos probando poco a poco sus diferentes variedades (¿hay también un té azul y té amarillo?), tratando de despegarnos de esa fase suponemos que inicial en la que se suele tomar el té negro con leche (aunque cómo evitar sonreír cada vez que decidimos cargar nuestra taza con “una nube”), con la determinación de seguir a los verdaderos amantes del té, que lo toman cada vez más fuerte.

Pero aún estamos lejos, así que aceptaremos gustosamente cualquier comentario descalificativo acompañado de un gesto de horror al ver cómo añadimos azúcar, y sin ruborizarnos demasiado por dudar si hay que echar la leche antes o después. ¿Té del obrero? Pues así sea, pero éste también sirve, como quería Johnson, para “el entretenimiento del ocioso y el descanso del hombre de estudios.”

Ya solo falta que en esta ciudad y en este país también se obre el milagro que los antropólogos le han atribuido al té de conseguir que los ingleses dejaran de ser un pueblo de humores belicosos para ser gentes de civilización refinada.

Está, ya lo sé, bastante bastante difícil.

 

 

 

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