MARIO AMORÓS: 75 AÑOS DESPUÉS. LAS CLAVES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (Ediciones B, 2014)

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En el vasto océano que forma la bibliografía sobre la Guerra Civil, la obra del economista e historiador Ángel Viñas sobresale como guía sólida, clarificadora y necesaria para hacer frente a tanto debate. Para los interesados en aquellos drámaticos años queda como ineludible su monumental tetralogía sobre la República en guerra, de la que este libro puede servir como manual resumido en el que repasa su frutos mediante una conversación entre el también historiador Mario Amorós.

Comencemos otra vez: en el combate por la historia, la labor investigadora de Ángel Viñas ilumina con luz clarificadora. “La historia no se escribe con mitos. Sin archivos no hay historia. Toda la historia no está en los archivos, pero no puede escribirse historia sin ellos.”.

Frente al debate interesado, evidencia primaria; documentación relevante de época, e inédita: “Esa que produce urticaria a los historiadores pro-franquistas.”

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Lecciones de historia: la importancia de la trama civil, además de la militar, para la sublevación; la hostilidad británica y la pusilanimidad francesa hacia la República, con la política de No Intervención; la decisión político-militar de Franco de no acabar la guerra demasiado pronto, dado sus intereses personales; un Stalin pragmático; la puñalada trapera final de Besteiro y Casado asestada a la República…

-Negrín jamás asumió compromisos con la URSS que pudieran influir en el futuro del país. Franco sí lo hizo con sus protectores.

-Los republicanos tuvieron que aprender la dura lección de que en la guerra los éxitos diplomáticos y los éxitos políticos son una consecuencia de los éxitos militares. Y como no tuvieron éxitos militares, tampoco avanzaron en los otros ámbitos.

-La responsabilidad por la sublevación militar del 16-18 de julio es el tema central de la Historia contemporánea española. De la respuesta que se dé depende la interpretación de lo que siguió después.

… Y de cómo hacer historia:

A través de la investigación en los archivos, los historiadores avalamos o descartamos hipótesis y tesis ya planteadas. La Historia es un proceso definido y contrastado intersubjetivamente de creciente aproximación a la verdad.

No se escribe historia para la eternidad, es un campo cambiante y mutable por definición. Sin embargo, a veces leo a ciertos historiadores, españoles y extranjeros, y encuentro afirmaciones rotundas que no dejan resquicio a duda alguna, que creen tener el mismo valor que las tablas mosaicas. en este caso, opto por las carcajadas.

Y para los abrumados que se refugian en un supuesto objetivismo malentendido por interesado, nos recuerda que no, que no todos fueron iguales: “Unos se sublevaron bajo pretextos bastardos y otros resistieron la sublevación como pudieron. Recordemos aquel comentario al respecto de la hispanista inglesa Helen Graham:

La objetividad no es una posición equidistante entre cualesquiera dos puntos. Eso es lo que siempre me molesta en estos debates. Vamos a llevarlo a un extremo absurdo: Nadie en su sano juicio argumentaría que una historiografía objetiva de Alemania en los años treinta debería situarse en un punto medio entre los nazis y aquellos a quienes éstos atacaban. Nunca he entendido esta asociación de la objetividad con alguna clase de posición intermedia. Toda esa idea necesita ser deshecha; hay algo fundamentalmente equivocado en ella.

Lo que mueve a los historiadores es la sed de entender. Tratar de entender presupone que no vas a falsificar las pruebas o contarla como no es. Y si eso no es objetividad entonces no sé qué es. Ahora bien, nosotros también somos humanos. Todos tenemos nuestras historias, cosas que nos interesan, preguntas a las que queremos encontrar respuesta. En ese sentido, ningún relato escrito por un ser humano es jamás enteramente objetivo. Pero eso no significa que esté distorsionado o mal. Si ese ser humano es un historiador profesional honesto consigo mismo y con el material –si ha leído todo, pensado sobre ello y visto cómo encaja sin esconder o inventar nada– entonces está siendo fiel a su vocación. Más allá de eso, creo que no tenemos de qué preocuparnos.

 

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A lo largo de cuatro décadas la dictadura creó un canon de interpretación del pasado. Ese canon caló en la sociedad y perdura hasta hoy en sectores importantes de la población. ¿Cómo contrarrestar su influencia? La tarea del historiador es ganar la batalla por la Historia. La batalla política por el futuro es otra cosa.

 

 

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