BENOIT y VAN HAMME: LA EXTRAÑA CITA (2006)

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A uno le cuesta declararse aficionado a la denominada Línea Clara cuando ni siquiera ha leído toda la serie de álbumes que conforman, hasta el momento, Las aventuras de Blake y Mortimer, ese clásico mayor del cómic franco-belga creado por Edgar P. Jacobs y que siguió teniendo continuación tras su muerte gracias a las nuevas entregas por parte de diversos autores que han venido ampliado el número de álbumes, respetando el aire de su creador a modo de tributo pero con más o menos acierto, a decir de los seguidores más celosos.

Precisamente por eso, siempre que tenía la posibilidad de acercarme a alguno de los títulos dudaba en la elección, preocupado por si no fuera ese uno de los unánimamente considerados como “fiables”. A veces los más tontos prejuicios incordian doblemente, por tener fácil solución: tratar de leerlos todos y decicir por uno mismo. Así de sencillo.

El miedo a romper el tabú de los once álbumes originales se acabó con El caso Francis Blake (1996), que resultaría una de las aventuras más felices de todo el conjunto, ya desde esa primera viñeta que presenta al “tradicional y único Londres que se encuentra gozando de la suavidad de un mes de junio excepcionalmente soleado”.

Y hace muy poco vi disponible en la biblioteca pública La extraña cita (2006), que es el otro título de la serie a cargo del dibujante Ted Benoit y el guionista Jean Van Hamme (La maldición de los treinta denarios fue terminada entre varios más).

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La extraña cita, con un guión de ciencia ficción, se desarrolla en los Estados Unidos, en la llamada “América profunda”, algo que no me seducía de primeras al saberlo, pero una vez comenzado el álbum…

Lo más atractivo ha sido la evocadora recreación de la década de los cincuenta, con un uso de los colores esplendoroso para mi gusto (el contraste entre el otoño cálido y la atmósfera pesada de unos sucesos por desencadenarse), así que debemos mencionar a la responsable: Madeleine de Mille, colorista también de los álbumes dibujados por Juillard para la serie.

En el blog dedicado por Miguel Frognier podemos encontrar bastante material adicional para los devotos, ayudándonos a imaginar lo que podría dar de sí una serie que incluyera a autores geniales como Jacques Tardi o Emile Bravo, quienes por lo esbozado parece que ahondarían en el lado más oscuro o hitchcockiano, llevando la serie a un gozoso nivel de cine negro, con unos protagonistas más cercanos emocionalmente, humanos, débiles… También, seguro, el madrileño José Luis Povo cumpliría perfectamente como repreneur, si se lo propusieran desde Dargaud.

Hace poco Norma editorial sacó una edición de lujo del que para muchos es el mejor álbum de la serie: La marca amarilla, que yo tengo en la barata versión que sacó El País. Desde luego, antes me quedan aún algunos deberes por terminar.

 

 

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