Conexión Kevin Pearce

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Canciones con estructuras de jazz, con intrincados adornos… Algo así es lo que a uno se le viene a la mente al encontrarse con la música de The Sea And Cake, una de esas afamadas bandas cuya reputación te exige prestarles atención, aunque te cueste encontrarle la chicha a su música.

En esas estamos, entrando y saliendo de sus discos. Hay una sensación de frialdad y vacío en su música que no consigo quitarme de encima. Puede que eso mismo sea, convertido en algo hipnótico, una de las señas de identidad que hacen de The Sea And Cake algo al parecer tan apetecible.

Kevin Pearce les dedica el último número de Your Heart Out, con uno de sus típicos artículos inspiradores que se transforman -en palabras de Kiko Amat– “En un fuego cruzado que dispara en mil direcciones a explorar”, y en cuyo comienzo deja claro que ésta es posiblemente su banda pop favorita. Cosa seria, tratándose de tan reputado crítico.

Es asombroso el pringue de influencias que le saca el señor Pearce a la música de The Sea And Cake. Está, desde luego, esa tensión heredada de Velvet Underground y luego recogida por los Feelies y todas aquellas bandas neozelandesas favoritas: The Clean, The Bats, The Verlaines… Y de paso citando a la magnífica “Mannequin” de Wire. También nos encontramos con la esperada conexión mediante la electrónica con el Krautrock y alumnos como Stereolab que lo aplicaron al pop. Pero lo más atrayente es que recuerde el pop obsesivo de Felt, la sutil revolución lanzada por The Young Marble Giants y hasta la tradición soul de Chicago.

Puede que sí, que The Sea And Cake den lecciones de “sonido metronómico underground”, muestra de precisión y sutileza; que muchas de sus canciones puedan ser etiquetadas como beat balads (tomado de las canciones más lentas con arreglos jazz de la escena Northern Soul), o que, en general, la suya sea una música de celestial elegancia pero con sustancia, con músculo… En fin, todo eso, quedando definida con la expresión “eléctrica relajación”.

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Pero es en sus citas acerca de la influencia brasileña del disco en solitario de Sam Prekop de 1999 donde consigue meterme las ganas por indagar y rebuscar, que supongo es el objetivo último de sus artículos: ya solo con acordarse de aquel recopilatorio de Joyce que sacó Mr Bongo consigue que uno siga leyendo con avidez, para terminar cogiendo lápiz y apuntar ese Domingo de Caetano Veloso y Gal Costa, o el Obnoxious de José Mauro.

De momento es el recuerdo de un par de favoritas suyas: “Reza brava” de Piri, y “So (Solidao)” de Tom Zé, el suculento botín que me cobro.

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Maravillosa canción del momento. Qué mejor acicate para repasar un álbum como Estudando O Samba (1975).

Tom Zé – so (Solidao)

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