PAUL BUCHANAN: Mid Air (2012)

Como el padre que no quiere ver crecer a sus hijos. El legado de The Blue Nile, agrandado en el recuerdo por la efectiva ecuación -a nuestros ojos- de muy pocos discos en muchísimo tiempo, fue empequeñeciéndose conforme aparecieron más referencias, no muchas más, tras aquellos dos primeros álbumes suyos que establecieron para siempre esa especie de emotiva honestidad que desprenden las canciones de Paul Buchanan.

Con “The downtown lights” como bandera (siempre la asociaré al locutor Rafael Abitbol), mi selección de favoritas sale del contenido de A Walk Across the Rooftops (1983) y del siguiente, cinco años después, Hats. Peace At Last y High me resultan poco convincentes, como si fueran a remolque de aquellos dos primeros. Magia repetitiva o gastada.

Por eso no esperaba nada de un nuevo disco suyo, ahora ya con su nombre. Y por eso ahora Mid Air está marcando estos días, convenciéndome de que hice mal en subestimar el talento del señor Buchanan. Con lo bien que se deja querer, con ese estilo suyo con el que amablemente siempre parece ofrecerte su intimidad como compañía.

Con Mid Air tenemos la médula de su música: canciones reducidas a un piano por acompañamiento, y solo levemente arregladas con algo de teclados en alguna que otra; teclados reminiscentes de la atmosférica electrónica característica de sus mejores canciones.

Ahora la atmósfera está en la desnudez, y en ella el lirismo de Paul Buchanan queda mostrado. Me ha vuelto a conquistar.

“Mid air”, “Newsroom”, “Buy a motor car”, “Two children”, “My true country” “A movie magazine”… Cada vez son más las que van destacándose conforme pasan las escuchas. Son catorce canciones breves que en su desnudez a uno le hacen pensar en los primeros años del siglo XX, cuando el formato de las canciones de apenas dos minutos y medio comenzaba a desarrollarse. Así, con voz y piano, aparentemente a punto de romper por fragilidad, pero destilando melodía, si uno pone el oído cerca, pacientemente.

En su página hay un buen puñado de vídeos y alguna que otra sesión en directo como la ofrecida para el periódico The Guardian. De entre ellos me quedo con éste hecho para “My true country”: siempre resulta irresistible la filmación del paisaje mientras se viaja.

Hay edición en vinilo y una especial en CD con extras, más lujosa. Adivinen cuál le pega más a esta colección de canciones de bella, serena emotividad.

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