Discos Melgamusic (La última tienda que queda II)

En mi más bien pobre experiencia por tiendas de discos debo guardar un recuerdo especial a Melgamusic. Mal que me pese, porque nunca me encontré cómodo en esa tienda: culpa del dueño, que me parecía algo seco (la típica sensación de habérselas con alguien casi reacio a que demuestras interés por su sabiduría oculta, o vaya usted a saber), cuya costumbre de no poner el precio en los discos siempre te dejaba con la impresión de salir de allí como un pardillo. Siempre, siempre me resultó incómodo tener que preguntar por cada uno de los discos que me interesaban. “Si le digo Los Andertons igual no me entiende, y si pregunto por Los Undertones lo mismo se ríe”…

Porque eso sí, fue allí donde experimenté eso de encontrarte de golpe con un oasis cuando vienes padeciendo mucha sed. Hasta entonces no tenía más remedio que tirar de tiendas por correo (la llegada del paquete: ¡qué ilusionante lujo! Siempre me estremezco cada vez que veo a un cartero con ellos), siendo Del Sur la más usada, debido al acierto de aquellos anuncios suyos en las revistas con una lista de discos de importación.

En Melgamusic me topé con aquellos discos que primeramente solo veía listados en papel. Al hacer un apresurado repaso, quedan unos cuantos que me recuerdan vivamente el momento en que los compré allí:

La primera vez me vine de allí con dos: Felt y Close Lobsters. Era la época de los grupos independientes de guitarras, conocidos gracias a Radio 3.

Melgamusic tenía una buena cantera de clásicos de décadas pasadas. Discos que manoseé dubitativamente, y que por falta de formación de fondo dejé escapar en su momento en favor de la actualidad o, simplemente, por pura necesidad de ir asentando las bases de mi raquítica colección. De eso te das cuenta con los años.

Estaba bajo la influencia de Rafael Abitbol y de Juan de Pablos, así que cuando vi el Otis Blue no me lo pensé. ¿Mi primer LP soul? Creo que sí. La portada ayudó.

De los Sesenta y Setenta iba solo a por básicos: algunos Byrds y Hollies los adquirí allí. Recuerdo también clásicos como el Sound Affects, disco por el que me decanté gracias a la foto de la hoja de encarte, con unos Jam en pose muy poética.

Melgamusic también tuvo el honor de ayudarme a ir completando la discografía de la que sería mi banda preferida: XTC. Allí estaban todos aquellos álbumes primeros que me faltaban, así que poco apoco fui haciéndome con el Black Sea, Mummer o The Big Express.

Discos especiales que tuve el acierto de elegir, como el Brave Words de The Chills. Encandilado con aquel “Heavenly Pop Hit” posterior, quería más y encontré en este Brave Words el punto definitivo de atrayente misterio de la banda de Martin Phillipps, ya pasados sus inicios más garageros de afilados teclados. La foto de ellos tiritando de frío, el color azul de la galleta del disco, y las canciones: “Push”, “Wet blanket”, “Dan Destiny and the silver down”… Un ambiente especial para soportar, tumbado sobre la cama en al hora de la siesta, recuerdo que un sofocante verano.

Ocurre que algunos de mis discos preferidos son de 1987, y muchos de ellos tuve la suerte de conseguirlos en Melgamusic. Como el Magic Still Exists, de The Leopards, uno de esos discos que reponden a la pregunta de de qué va esto del pop. Gracias a Juan de Pablos.

De quien copié lo de dedicar un día específico a ir de tiendas: él solia comentar que lo hacía los sábados por la mañana; yo quise hacerlo los viernes por la tarde, una vez terminada la dura semana de estudios. En uno de esos viernes, sin esperarlo, me topé con el LP de Talulah Gosh. Deseaba sus singles, todos los singles de todos aquellos sellos: 53rd & 3rd, Subway, Creation, Medium Cool, Sarah… Pero mi imagen de la independencia británica no me cuadraba con aquel título de Rock Legends: Volume 69, pero la contraportada ayudó más a convencerme de aquellos eran mis Talulah Gosh. Rápida vuelta a casa a por dinero. Gasto imprevisto muy agradecido.

Si en Melgamusic me había estrenado como cliente con el Pictorial Jackson Review, fue sin duda la portada del recopilatorio Goldmine Trash que se sacó Mike Always para Cherry Red lo que hizo, reforzado por su contenido, que siempre haya tenido este disco como algo especial de entre la discografía de un grupo especial.

Un par más de recuerdos especiales: el Party Of Two de los Rubinoos, conocidos gracias a Flor De Pasión y que allí conseguí cuando no había manera de tener nada suyo. “¿Pero este mini Lp con tan curiosa portada aplacará mi sed de ellos?” Sí, lo hizo hasta la llegada de los cedés.

Y The Clock Comes Down The Stairs, de Microdisney, que queda como ejemplo de aquellas tantas veces en que entraba solo por mirar, tocar y retocar discos sin comprarlos porque o no podía o no me decidía a elegirlos entre otros o, directamente, no los conocía en absoluto. De éste siempre me gustó su portada de los raíles con vías muertas, a las afueras de una ciudad inglesa (la verde hierba de los descampados); imagen con la que seguir alimentando una anglofilia escapista. Cada vez que paso por la Redonda, a la altura de las vías del tren , me acuerdo de este disco; también en Almería cuando cruzo de una parte a otra por el puente:

Y luego queda la historia de los discos que tuve en las manos y que dejé escapar: me acuerdo del vinilo rojo del The Book Of Hours de The Green Pajamas; de aquel Fast Funky and Fantastic, el primer volumen de Kent que posteriormente ahondaría un poco en mi gusto Modern Soul; de los discos de The Last posteriores a su L.A. Explosion que no me decidí a comprar por si me decepcionaban al no tener la luminosa grandiosidad de aquellas “This kind of feeling”, “Every summer day”…

Pequeñas historias.

2 comentarios to “Discos Melgamusic (La última tienda que queda II)”

  1. Pepe Says:

    Hola manuel, me ha encantado leer tu ejercicio nostalgico de cuando comprabas discos. Indirectamente me nutria yo de ello cuando me pasaba tu hermano las cintillas tan chulas que grababas ( manoladas cierto? ). De hecho todavia tiramos de Ellas en el cassette mientras ponemos careta en la lumbre y tragamos Estrellas de levante como descosios. Que belleza. No deberias dejar nunca de recopilar momentos grandiosos. Cuidate mucho Manolo. Abrazos

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