REYNOLDS

Un pequeño capricho: poder vestir una réplica de aquel legendario maillot Reynolds, aunque sea una copia vía China ( Cycling Jersey: 31 euros). A ver cómo se las tiene con el sudor y a ver lo que aguanta esa cremallera.

Aquel Tour del 83 permanece como el evento deportivo más impactante que haya presenciado por televisión. Normal, a una edad en la que los héroes deportistas comenzaban a compartir adoración junto a los tradicionales de los dibujos animados, los tebeos y las películas.

Para mí, sin ninguna duda, esos héroes deportivos fueron los ciclistas del equipo Reynolds; los del maillot de tonos azules con aquellas coronas tan chulas. Pedro Delgado y Ángel Arroyo -sobre todo éste, del que tengo grabada en la memoria la imagen de su espalda, enfundado en el maillot blanco de mejor joven-, sí, pero también el rubio Julián Gorospe y José Luis Laguía, que nos tenía confundidos cuando comentábamos en cualquier recreo primaveral de la EGB lo fiera que era en la montaña de La Vuelta y luego lo decepcionante de sus actuaciones en el Tour.

A partir de entonces empecé a esperar con ilusión cada nuevo Tour, Vuelta y Giro. Y con aquel Tour de 1983 que ganó Fignon -y al que en verdad le pertenecía aquel luminoso maillot blanco en el que destacaba el logo de Le Coq Sportif- aprendí a entender un poco la irresistible épica del ciclismo. Y creo que, como a mí, les pasó a muchos. Tuvimos pues la suerte de aficionarnos en aquellos años del desembarco definitivo del ciclismo por televisión.

Caté el fuerte sabor del ciclismo clásico con una de sus últimas añadas (el aturdimiento del asunto de La Vuelta con el propio Arroyo, un año antes; también el seguimiento a Lejarreta  y los vericuetos del Giro; la simpatía, en aquel mismo Tour, por un Pascal Simón retorciéndose, llorando, que dejaba el liderato porque no podía más…) y es lógico que rastreara más tarde por las Clásicas de Primavera y por las fotos en blanco y negro de la historia de este deporte.

Normal por tanto que uno vea con rechazo la exitosa manera anglosajona de entender el asunto. Tiempos difíciles.

Me llega el maillot, más recargado, del Reynolds-Reynolon (ya a partir de 1986), por lo que no es exactamente el del año de aquella inolvidable irrupción del equipo en el Tour.

Pero en fin, la ilusión de vestirme esta prenda no me la quita nadie.

Ahora lo suyo sería ilustrar musicalmente con aquellas dos sintonías para La Vuelta de Azul Y Negro.

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