Ermanno OLMI: EL EMPLEO (1961)

En nuestra cartelera de cine de verano hemos tenido la suerte de volver a disfrutar de una antigua favorita: El Empleo, de Ermanno Olmi, que narra la llegada de un joven humilde a Milán en busca del ansiado empleo.

Tenía muy buen recuerdo de ella, desde que la viera en La 2 a mediados de los noventa con emoción y desasosiego, pues precisamente andaba yo en la misma situación de indefinición laboral que Domenico, el protagonista.

De entonces guardé la sensación de haber visto una película de estética realista hecha con sensibilidad y delicadeza. Ahora, tras verla de nuevo, me gusta aún más, pues le noto una modernidad que la emparenta con la Nouvelle Vague francesa, muy vigente en esa época, en toda esa maravillosa secuencia del paseo (por una bulliciosa Milán) de Domenico con “Magali” -la joven que conoció entre los aspirantes a un puesto en la empresa- en el descanso entre las pruebas de acceso. Queda un regusto de documental sin trama aparente en otras secuencias, como la de la fiesta de fin de año organizada por la empresa. ¡Vaya pinta de Keaton desnortado que tiene ahí nuestro protagonista!

La mirada de Olmi, encarnada en ese muchacho del extrarradio, es humanista, compasiva, poética. Y quiere contraponerla al mundo desesperanzador del trabajo que ya entrevemos en cuanto Domenico entra como mensajero a una vida laboral administrativa y burocrática que más parece deshumanizar en vez de ofrecer el futuro con que uno sueña. Aquella oficina en la que el personal pasa la jornada, cada uno con sus manías, y cuya recompensa es acceder a la mesa con más luz natural, ejemplifica la otra cara del boom industrial de la Italia de aquellos años. El final es más bien desolador.

Al verla, me acuerdo de escritores como Giani Stuparich, Dino Buzzati y Franz Kafka, la suma de cuyas miradas las recoge Il Posto.

Es la única de Olmi que he visto. Tengo pendiente su aclamada El Árbol De Los Zuecos, pero casi más me apetece seguir en esta primera parte de su filmografía, en la que Il Posto parece formar parte de una especie de trilogía del trabajo junto a la anterior El Tiempo Se Ha Detenido (1959) y la posterior Los Novios, de 1963.

Es un gozo comprobar el compromiso artístico de un director como Olmi:

El cine convencional ha acostumbrado al espectador a una serie de condensaciones de la acción, de manera que se suprimen lo que yo llamo tiempos muertos. Se salta de aquí para allá, como en la publicidad, y en general a la gente le parece fantástico. Lo que yo propongo es exactamente lo contrario de todo eso.

Y que, al menos en su primera época, tirara de actores no profesionales. En ésta tanto Domenico (Sandro Panseri) -con el punto justo de atolondramiento (y esa voz nasal grave y tierna a la vez)-, como la guapa Antonietta “Magali” (Loredana Detto) resultan, en fin, inolvidables.

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