6 mayo: IX CARRERA DE MONTAÑA VALLE DEL ALMANZORA

(21.097m: 1h 57′ 38″)

La segunda participación en esta carrera me confirma que se trata de una de las pruebas populares destacadas en el calendario que cada cual puede confeccionarse durante la temporada. Sus atractivos son muchos, resumidos en el reto de su dureza y en la organización de una prueba con conciencia ecológica y que de la mano de cuatro municipios consigue que participantes y familiares disfruten de los encantos naturales de esta parte de la Sierra de Los Filabres. Magnífica manera de promoción.

Como siempre, la mala memoria (producto de los efectos de la retroalimentación positiva que uno recibe al participar en estas pruebas populares) hizo que la afrontase de manera algo engañosa: solo recordaba la dureza de esos terribles seis o siete kilómetros a base de curvas en ascensión continua que nos encontramos tras pasar por el puente del río Bacares. Pero habíamos llegado ahí -coincidiendo con la mitad de la prueba- con dos duras subidas ya en las piernas: de Tíjola a Bayarque y la que nos dejaba, tras pasar esta localidad, ante la bajada hasta el río para afrontar, inmediatamente, la subida por el otro lado del valle de este afluente del Almanzora. Recorrido rompepiernas que solo ofrece algo de tranquila pausa para ir calentando motores al atravesar Tíjola.

Si bien cierto despistado corredor tuvo que preocuparse de no mojar sus  zapatillas en ese trayecto:

Una carrera de montaña con agradecidos detalles: el desayuno en la plaza del colegio de Armuña (y otra vez la sensación de ensuciar la pureza de esa ecoescuela al abalanzarnos sobre sus aseos); el apoyo de la gente en Bacares al llegar a meta, en una subida final matadora tras venir lanzado en bajada durante los dos últimos kilómetros; la bolsa del corredor con sus detalles alimentarios; la comida en la plaza del pueblo y los autobuses disponibles para el regreso a Armuña…

Todo volvió a sumar para hacer de esta prueba una cita especial para disfrutarla, si se puede, en familia.

Al volver en autobús es cuando verdaderamente te das cuenta de la altura que tuvimos que superar durante esos kilómetros de curvas en subida que se me hicieron, más que la primera vez en 2010, interminables: “Me paro, no me paro”… Así iba, viendo como a algunos corredores que paraban en los puntos de avituallamiento se les hacía imposible retomar el ritmo. El mío era muy penoso, pero sabía que si paraba para respirar tan solo por un instante, me resultaría fatal.

El objetivo era volver a acabar sobre las dos horas. Llegó un momento en que lo cambié por llegar, simplemente, a meta sin pararme. Lo logré y por eso estoy contento. Sorprendentemente, mejoré en unos segundos la marca de 2010.

Como era de esperar, en una prueba en la que hay que tirar de fondo y conocerse muy muy bien, los veteranos barrieron a los séniors en categoría masculina y femenina.

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