29 abril: Carrera del Desierto de Tabernas

(11km: 53′ justos, a 4’49” el km y a una velocidad de 12,45 km/h)

No va mal la temporada: de momento voy recuperando participaciones en carreras a las que por unos motivos u otros no iba desde años. Al igual que con la última de El Ejido, he podido retomar mi participación en la carrera de Tabernas, a la que le tengo especial apego por discurrir, en su mayor parte, por rambla. Y por rambla es el terreno al que creo estar más acostumbrado, por donde más “cómodo” voy.

Este fin de semana me pillaba “a contramano” por estar en Oria y no en la capital, desde donde me habría sido rápido llegar; pero desde Oria era casi como volver a Almería: 140 kilometrazos ida y vuelta para encima tener que volver a Almería a los dos días… Algo poco práctico y contrario a las buenas maneras concienciadas.

Viene a cuento porque la puntilla la puso el programa de Radio 3 que escuchaba mientras conducía de camino a la prueba: Escribano Palustre, de Benito Pinilla, que ese día se marcó un magnífico tanto con la participación del filósofo Jorge Riechmann, que dejó al oyente una lúcida reflexión sobre economía verde, de la que recuerdo comentarios esclarecedores como ese cuento de hacernos creer que no podemos permitirnos bienes sociales básicos; o la necesidad de ver el sistema económico de otra manera, con la diferenciación entre una economía productiva (la que genera bienes y servicios), la financiera (que tanto peso ha adquirido en estos tiempos) y -lo que se olvida- el nivel básico de una economía “real real”, la de los recursos naturales sin los cuales los otros dos niveles no podrían funcionar, y a la que se le viene dando la espalda desde hace décadas.

Yo, con mi coche camino de Tabernas, no estaba siendo precisamente consecuente con una reflexión tan acertada.

Me alegró cruzarme con bastantes coches cargados con bicis en una mañana dominguera tomada al asalto por los aficionados al deporte.

Y nada, que el día estaba algo fresco y con algo de viento; que volví a tener la necesidad de “ir al baño” un par de veces antes de salir, y que medio olvidé que sabía que esta carrera la marcan sobre todo un par de cuestas: la que sube desde la rambla hasta el poblado del Oeste y, sobre todo, la que de regreso asciende hasta el pueblo evitando la carretera asfaltada. Me acordaba de la primera pero no tanto de la segunda, que me sorprendió por su persistente subida un poco larga de más.

No quise forzar bajando por la rambla para guardar fuerzas a la vuelta. Una vez terminada la carrera, me quedó la impresión de poder haberme vaciado un poco más, aprovechando mejor el tramo de rambla.

Pero no sé qué me pasa que también termino esta carrera contento. Compruebo y ¡vaya, he mejorado en algo más de dos minutos el tiempo de 2010! Miro la clasificación y termino a 4’49” el km, lo que no está mal, considerando el trazado.

Y esta vez, por una vez, hasta fui pillado -aunque sea de soslayo, al sesgo- por el fotógrafo oficial. Uno de naranja -el de más pálido tono- pasando por los decorados western, tratando de controlar el resuello:

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