1 abril: Feria del disco, Almería

Más bien cutrecillas, mis citas con el coleccionismo discográfico se reducen a visitar las pocas cubetas que por primavera y otoño suele montar el mismo expositor o expositores en algún hotel en Granada y Almería. Así que, otro año más, me acerqué hasta el Torreluz, sin ánimo de encontrar nada en concreto. Y como casi siempre, de allí volví con la bolsa llena quizá de algunos discos de más.

Sin ningún tipo de indicación al entrar al hotel, bajé hasta dar con la sala por pura inercia. Entrada gratis para rebuscar con lentitud entre los vinilos (no puedo reprimir el deseo de mirar cada vez que el de la cubeta de al lado levanta un disco), pasar rápidamente por encima de los cedés y elegir una chapa de los Beatles para María.

¿Qué nos encontramos en esta ocasión? Sin duda la pieza que logró remover mi interior con la emoción del encuentro inesperado fue el LP Sharks (12 euros) de los siempre recordados Mighty Mighty: ápice ejemplificador del sonido grabado en los Woodbine Studios, con John A. Rivers a los mandos. Será difícil que jubile aquella cinta que tuvo a bien pasarme Mateo Siesta con el flexi y los 12″ de este “grupo de 10”, pero al menos ya tengo su álbum para Chapter 22. Las reediciones en CD de Vinyl Japan no cuentan mucho, porque son bastante pobres; pero bien es verdad que menos es nada.

Hablando de jubilar cintas: aunque siempre recuerde aquella tarde-noche granadina en la que compré en cassette el Easy Pieces por puro agarre emocional (para soportar la típica inseguridad espiritual de un periodo de nuestra vida que ya no volverá y en el que, con razón, nos temíamos que lo que quedaba por delante no iba a ser tan fácil y no iba a estar tan claro), digo que cualquiera de los tres álbumes de Lloyd Cole con los Commotions se merecen el salto a la estantería de los vinilos, para tenerlos en formato “mayor”, emocionalmente hablando. Aunque  las cintas, en según qué casos, también mantienen su aquel. Ya lo creo.

10 por el Easy Pieces y 12 por el Mainstream, ambos en edición original UK y en muy buenas condiciones.

Esto de ir renovando cassettes, o vinilos en estado regular, o hacerse con la edición en vinilo de discos especiales que solo tenías en CD, tiene sus riesgos para gente descuidada como el que esto reporta, por el miedo de terminar por repetir alguna referencia (y eso cuando no dejamos escapar algo, por la duda de si lo tenemos o no), y sabiendo que la conciencia además siempre está ahí con el murmullo quejicoso, al ver que gastamos un dinero en referencias bien conocidas que, de tanto escuchadas, puede que ni pongamos en el plato.

Y así, el plan renueve hizo que me trajera el Feelin’ Groovy (15 euros) de los sensacionales Harpers Bizarre, así como el Reach Out (10) de Burt Bacharach, ese que muestra en portada (sorprendentemente algo verdosa de más) la imagen para mí definitiva con la que me gusta asociar el genio musical de este creador.

Luego, el doble Now That’s What I Call Quite Good (15) de los Housemartins más el 7″ Sheep (6), que trae en contraportada una foto de ellos actuando. Me acuerdo de los tiempos del instituto en Cantoria, de la cafetería Yedra cuando el dueño hacía pedidos a Discoplay, cuando le llegó este recopilatorio de los Josemartín (que en el boletín llevaba otra portada), junto al Starfish de The Church, y aquel de los Christians. O de aquel amigo mío, fan de los de Hull, que negaba que pudiesen ser calificados de grupo pop.

El pop, según como se entienda, puede llegar a ofender el orgullo musical o a señalar la inefable excelencia de la melodía.

Y en ese apartado de singles, me traigo uno de XTC para mi paupérrima colección de una de las bandas con más reverenciada memorabilia entre sus seguidores; y se supone que es mi grupo favorito de siempre. “Great Fire” (5) pertenece a Mummer, uno de sus elepés más queridos por aquí. La cara B del single es para “Gold”.

Dos piezas que se escaparon por falta de rapidez: el “Ashes To Ashes” de David Bowie que una muchacha llevaba en mano (perteneciente a Scary Monsters, el primer álbum -en cassette también- que tuve de Bowie), y el Ella Abraça Jobim que un tipo calvo, bigotudo y con gafas sacó casi delante de mis narices.

Y no es que sea para tanto, pero en fin, ante casos así -pensando también en cintas jubiladas cuya emoción sin embargo no se regenera con el cambio-, nos contentaremos con repetir aquello que dijo Jacinto Antón con motivo de alguna obra de P. L. Fermor: “Sólo cuando algo se pierde es posible el delicioso ejercicio de la nostalgia.”

Mighty Mighty – maisonette

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