XXIV GRAN PREMIO DE FONDO DE GUADIX

(1h:47′:27″; a 5′ 06″ el km)

Comenzamos la temporada de carreras con esta prueba “del Melocotón” de Guadix.

La preparación, como siempre, pobrísima. Si además tenemos en cuenta el verano de cerveza que me he metido en panza y culo, esta primera participación en la media de Guadix no prometía mucho, la verdad.

Bonito recorrido, con muchos tramos con arbolado, ofreciendo fresca sombra en un día caluroso. Callejeo por Guadix y salida por carretera nacional hasta Purullena y sus puestos de cerámica, lo que me recordó aquellos viajes a Granada, antes de la autovía. De Purullena a Benalúa y de allí vuelta a Guadix.

Recorrido con un par de tramos durillos; sobre todo la cuesta en el km 8, en busca de Purullena. Esos primeros kms se me pasaron rápido, y hacia el 11 ò 12 pensé que podía llegar a hacer una buena media, ¡lo que tienen las endorfinas!

Al final, los últimos cuatro o cinco volvieron a dejarse caer como ellos saben, y enfilé el último tramo de subida por la catedral con ganas de vomitar.

Cuando me encontré, de vuelta a la porticada Plaza del Ayuntamiento, con que el crono de meta pasaba de los supuestos “digo,-yo-que-quizás-puede-que-esté-por-los-cuarenta y cinco-minutos” que tontamente me asaltan cuando me da por pensar que puede que no esté haciendo mala carrera del todo, entonces solté un “¡Claro, qué esperaba!” con el que inmediatamente volví a mi situación actual, a día de hoy.

Que no es otra que la de haber pasado un rato de meneo, y ya lo necesitaba, sudando cerveza. Vamos, estoy seguro.

Mal la organización. Y lo digo consciente de lo difícil que resulta y de lo meritorio que es promover esta afición (vivan las carreras populares), pero no puede ser que, precisamente a los más esforzados de la ruta, los que cierran la carrera, no se les pueda dar la merecida bolsa de corredor porque ya se acabaron; o lo peor: ¡encontrarse en meta sin ninguna botella de agua! De reservar o de favorecer, deberían hacerlo precisamente pensando en corredores que terminan por detrás.

En esa situación se encontró el Mon, compañero de kilómetros y -¿hace falta decirlo una vez más?- ejemplo de empeño y determinación para todo bicho viviente con un mínimo de inquietudes que tenga algo de ilusión por moverse en nuestro pueblo.

No le fue bien, como bien podría haberle salido: así son las carreras y las sensaciones que dejan. Ya de comienzo tuvo problemas de rodillas y no le quedó otra que parar para un masaje. Después del esfuerzo por llegar, se encontró con la sorpresa de que no quedaba nada. Ni un mísero (¡necesario!) botellín de agua.

Lo que algunos no saben es que la merecida recompensa negada a los héroes los hace aún más poderosos.

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