Agosto de vértices

Así pues, un vértice geodésico es una señal localizada en sitios altos y despejados para poder ver otros puntos, constituyendo así una red de coordenadas geográficas definidas.

Definitivamente, ha sido gracias a Juan Álvarez y sus rutas serranas como he llegado a interesarme por ellos; por la posibilidad de magníficas vistas que suelen garantizar y la mejora física y cultural, más completa, que supone añadir esa subida a pie a las habituales rutas en bicicleta.

Tiene su gracia que sea Juan, posiblemente una de las personas más controladoras (y por ello más controladas) de todo lo que huela a tecnología para beneficio, primero, de su seguridad y, segundo, del enriquecimiento de información mediante datos, el que me haya llevado de la mano -“a golpe de calcetín”, por usar una de sus habituales expresiones- a la búsqueda y conquista de estas señales a las que los modernos sistemas de localización vía GPS han relegado a poco menos que un poste decorativo.

El caballeroso ofrecimiento de Juan Álvarez para que compartiera con él una Ruta Serrana (etiqueta con denominación de origen, oíga) marcaron las, por otra parte, más bien horrorosas ferragostianas vacaciones que ya terminaron.

No diré mucho sobre la salida al VG Maimón, pues Juan ofrece todos los datos posibles, acompañados -y esto es aún más meritorio-, por sus habituales comentarios en los que el amable estilo “Rutas Serranas”, con sus guiños, siempre deja un buen regusto en el visitante.

Así pues, solo dejo constancia aquí de que, efectivamente, hay chaparras que ofrecen frutos curiosos, a poco que uno se despiste aunque sea un pelín; y de que aquel cilindro de cemento, custodiado por avispas afortunadamente no demasiado celosas, ofrece unas vistas espectaculares de todo ese corredor de Chirivel que enlaza con el levante murciano.

Aun sin nieve, la ética sombra de los Mallowry, Hillary y demás aventureros que dejaron, con su ejemplo de esforzados héroes, un marcado sendero de valores humanos refulge en esta estética pose del protagonista.

*

Después hubo algunas fructíferas salidas en pos de otros vértices como el de Gabar y el de Roquez; alguna en la que fue el vértice el que me encontró a mí (Partaloa) y un par de fallidas intentonas al de Zurrio (con que estaba cerca del depósito de agua, ¿eh, Juan?), sin contar con la intentona del Calar Alto, desde Purchena, a la que me embarqué “con menos papeles que una liebre”.

Las últimas han sido en compañía del camarada Felipe (otro de esos que a cada poco van encontrando alguna pista de interés en el terreno que pisan o en el cielo que observan, mientras uno -que no tiene remedio- va pensando despistado perdido en no se sabe muy bien qué), con el que, si se dan las condiciones atmosféricas y familiares apropiadas, podré ir agrandando la colección. Esperemos.

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