THE FEELIES: Here Before (Bar/None, 2011)

El regreso de los Feelies supone una de las mayores alegrías de este año. Here Before es su nuevo disco, y resulta maravilloso comprobar que trae aquella magia sonora tan personal descubierta en sus primeros elepés, con los que dejaron la marca de un hipnótico estilo que les hizo legendarios.

Tras un paréntesis de … ¡buf, cuántos años! los Feelies vuelven para seguir ofreciendo aquel luminoso nerviosismo melódico de su primer LP, combinándolo con la serenidad campestre del segundo y la seguridad de tener dominada la mezcla para darle lustro como hicieron con el tercero.

Los Feelies… Siempre me acuerdo de aquel dibujo en una Rockdelux en el que uno de sus críticos (¿Ramón Súrio? ¿Ricardo Aldarondo?) se empapaba la cara con el vinilo blanco derretido del primer disco, Crazy Rhythms, que al parecer todos (yo también tuve la suerte de conseguirlo, gracias a Melgamusic), teníamos en la edición de un sello alemán que tiraba de vinilo blanco.

Pues sí, conocer su música y sumergirte en ella era lo suyo. Una música que ofrece un estilo único, construido con acordes repetitivos en los que la melodía se va cocinando, y a la que los solos de guitarra la hacen subir en escala para desbordarse.

El desmelene encauzado de las guitarras entrecruzadas de Glenn Mercer y Bill Million, principales artífices del sonido feelies, sin olvidar la importancia del uso de la percusión, a cargo de Dave Weckerman. Todo ello aparecía como milimétricamente programado, como fruto de la seguridad del que lo tiene claro, en ese Crazy Rhythms que es un disco tan fresco y lleno de ideas que ha quedado como uno de esos elepés de culto que no se saben de dónde provienen y que instauran un universo propio.

Un disco que parecía responder únicamente a las fantasías personales de sus autores. También me acordaré siempre de unas declaraciones de alguien del estudio, traídas en un artículo (¿Ignacio Juliá?) del Ruta 66: “Tenían una idea fija de lo que querían. El disco fue la culminación de cuatro años imaginando cómo iban a grabar aquellas canciones. No aceptaron ningún tipo de sugerencia.”

Creo que es el comentario que más poderosamente me ha influido a la hora de comprarme un disco sin haberlo oído, presto a comprobar si aquella música satisfacía las expectativas de una imaginación excitada por tales declaraciones.

Y efectivamente, así pasó. Crazy Rythms cumplió con su papel para el desarrollo del gusto musical de un jovencito dispuesto a suplir la falta de conocimiento del mundo del pop con pasión absorbedora.

Luego vino el siguiente, The Good Earth, también comprado en Melgamusic, Granada, y que ofrece una especie de sensibilidad crepuscular acentuada por los coros delicados y la imaginativa percusión. A mí nunca me pareció inferior al primero, pues no hace sino enriquecer su propuesta. En los créditos aparecía Peter Buck, de los famosos REM, y unos dicen que por él este disco tiene un sonido más próximo a los de Athens, mientras que otros -esto ya no recuerdo dónde lo leí- comentan que simplemente se limitó en el estudio a dar su visto bueno, aunque suya sería la idea de bajar el volumen de las voces. Me quedo con esa versión de un Peter Buck simplemente admirado como fan de la banda. Que es como todos lo estamos. Creo que su segundo elepé es mi favorito.

Los propios protagonistas alabaron la grabación de su tercer álbum, Only Life, que ofrece un conjunto de canciones fruto de la depuración de ese estilo suyo que consiste en administrar esas dos marchas: la velocidad eléctrica y el impresionismo acústico.

Como no tengo Time For A Witness por culpa de algunas críticas poco favorables (y que por ello me hicieron temeroso de emborronar la “profunda fascinación” que el nombre de The Feelies conlleva), puedo decir que este Here Before supone la continuación de ese estilo, para regocijo de los seguidores de la banda. Ya pudimos degustar algo de esa magia con el magnífico disco en solitario que Glenn Mercer se sacó hará unos tres años, Wheels In Motion, en el que vuelve a dejar claro, como dijo ya tampoco sé quién, que el secreto es el acople. Y él es un maestro.

Pues eso. Aquí están “Again today”; “Later On” y esa magia campestre de aquel The Good Earth; “way down”, con el solo marca de la casa que enriquece la canción con una nueva línea melódica, cuando ya parecía presta a sucumbir; o “Nobody Knows”, prueba de que la maestría Feelies fue bien absorbida por los Bats. Siempre lo he pensado, como siempre he pensado también que los Feelies supieron sacarle todo el lado cool a Lou Reed, pero evitando quedarse con el estático tronco que este cara de palo parece tener por cadera.

O “Should be gone”, que creo es mi favorita del nuevo álbum. La dejo como prueba de la regeneración de profunda fascinación por aquellos chicos de afortunadamente anodina imagen para el rock que poseían un perpetuo nerviosismo melódico, tan sugerente. La pulsación rítmica, la cadencia, el lirismo, el juego de guitarras y percusiones, la mezcla de lirismo y carrera vertiginosa… la música de los Feelies, impulsiva y reflexiva.

Los Feelies Vivientes, que han resucitado.

The Feelies – Should be gone

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