MAX EIDER: Disaffection (2010)

Ahora que se acerca el verano, dejemos constancia de otro disco que marcó esta primavera. Tiempo de brillantes regresos por parte de algunos nombres de aquella época dorada del pop británico durante los ochenta.

Tuve que tirar de créditos, al enterarme de la edición de este disco de Max Eider, “componente de The Jazz Butcher“.  ¿Max Eider?… Se me había quedado la idea de The Jazz Butcher como proyecto en solitario de… Pat Fish, cuando conocí sus canciones con aquel Fiscotheque. Pero no, es verdad: Max Eider fue pieza vertebral de la aventura, cuando despegaron en la época del sello Glass. Miré la contraportada de Distressed Gentlefolk y sí, ahí estaba.

Resulta que después de ese disco se apeó para sacar uno a su nombre. Me entero de que lleva varios a la espalda, y el caso es que me suena el título de aquel primer LP suyo de 1987: The Best Kisser In The World. Seguramente por lo atractivo de su título.

A finales de los noventa, reunión con Pat Fish para actuaciones y nuevos discos en directo y en estudio (“Más que una banda, aquello era como un club de vacaciones”), para entonces sacar otro a su nombre en 2001 (Hotel Figueroa) y otro más en 2007 (Back In The Bedroom), ya en el sello que se montó, Tundraducks, con la premisa de no gastarse un duro, al ver cómo los sellos anteriores habían ido cayendo en bancarrota.

En ese mismo sello sale Disaffection, en octubre de 2010. Descubierto estos últimos meses, ha sido como recibir una oleada de la vieja frescura pop que solo algunos británicos saben mantener a su manera.

Que vengan a la mente referentes como Nick Heyward y Julian Henry lo dice todo de la dorada etiqueta que se gasta aquí.

Porque la cosa va de esa grandiosa templanza melódica y esa calidez vocal tan cercana al legado BMX Bandits, escuchando por ejemplo “East End Boy”. Definitivo.

La que empezó tirando del carro fue “Nice Guy”, con ese reprise guitarrero final. El resto termina componiendo un álbum a atesorar. Escuchando nada más que el principio de “Those who work together”, uno se convence de que podría formar parte de aquel formidable The Sound Of The Hit Parade.

Vale, Max Eider pone un poco de césped recortado donde otrora reinaba más la hierba asilvestrada. ¿Comodidad burguesa? Quizás si en nuestros años de formación hubiésemos escuchado canciones como “Dancing with Andromeda” o el ejercicio de salón de “Can’t touch me now” (estilo Vic Godard) hubiésemos puesto la mueca ante el repelente olor de la madurez mainstream. Pero estamos en tiempos de recoger lo que antes se desechaba.

¿Cuestión de la producción? Ahora me suena agradabilísimo, con el justo punto de calidez. Si miramos a los créditos, nos vamos a encontrar con un sorpresón…

Sí, Max Eider regresa a la casa de quien les grabó Distressed Gentlefolk, por ejemplo: se trata nada menos que de John A. Rivers, el nombre que a base de repetirse en algunos de aquellos discos de la independencia de la segunda mitad de los ochenta consiguió por primera vez, al menos en mi caso, que me preocupara por leer letra pequeña de contraportada/hoja interior. También le produjo The Best Kisser In The World, mira…

Estudios Woodbin Street, en Lemington Spa. Ahora pone “John Rivers“, sin la A de enmedio. Supongo que lo digital habrá ido renovando al material analógico de aquellos años.

El caso es que Maximiliam Eider se ha cascado un gran disco. Si se lo pides, el tío te lo firma sin coste extra alguno.

¡Y yo sin conocer sus discos anteriores! Enseguida me pongo.

Max Eider – Nice guy

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