EVELYN WAUGH Cuentos Completos (RBA)

“Cariño:

Dije que durante estas vacaciones de Semana Santa no te escribiría porque no iba a tener tiempo de todas las cosas que pensaba hacer pero válgame dios qué manera de malgastarlo y por eso lo hago.

Menos mal que eché algún libro en el equipaje y eso me salvó. Este autor con nombre de chica, Evelyn Waugh, tiene algunos cuentos bastante entretenidos. Algunas amistades me comentan que hay que pronunciarlo así: “Uah”. Dios, qué triste.”

-.-

En fin, qué difícil resulta parodiar a modo de tributo al gran Evelyn Waugh; en este caso se trataba de “Crucero. Cartas de una joven de vida ociosa”, uno de los cuentos que conforman el completo volumen editado por RBA. No es, ni mucho menos, el mejor de ellos.

El libro trae un prólogo de Anthony Lane, crítico de The New Yorker, en el que ofrece un acertado semblante del autor, esa especie de “anarquista tory” con tanta nostalgia por esplendores pasados como inclinación hacia cualquier catástrofe inminente.

El prologista analiza la imagen de Waugh, alguien que “acabaría convirtiéndose en la clase de inglés que se ajusta a la idea que uno tiene de lo que un inglés -si se lo deja a su aire y sin cuidar- puede acabar siendo”. Fue una persona que siempre arremetió contra el declinar de la buena educación con desprecio y absoluta mala educación. Dejó pues una imagen de tipo insoportable, pero estoy con el autor del prólogo en que alguien que cultivó el humor con tan soberbio atino nunca pudo ser mala persona del todo.

Yo lo conocí gracias a Noticia Bomba y su inolvidable protagonista, William Boot, tipo de antihéroe del que Waugh se sirve para arremeter contra el mundo del periodismo, en este caso. Luego llegó Los Seres Queridos y ya vi a las claras la afiladísima pluma que gastaba. Sí, mucha y refinadísima mala leche. Pero es en la compasiva caracterización del ambiente del que provenía aquel especialista en somormujos, por ejemplo, donde podemos apreciar la sensibilidad del que desearía un mundo mejor.

Anthony Lane lo explica muy bien cuando señala que cree adivinar en él “la savia de la bondad humana: un tanto espesa, no lo niego, pero rica en licencioso regocijo”.

Evelyn Waugh es uno de los más robustos puntales que sustenta mi endeble, modestísima biblioteca. Por ello recibí con algarabía la publicación en castellano de sus cuentos completos, de 1925 a 1962, con el añadido de sus primeros relatos juveniles y algunos de la época de Oxford. Degustados con fruición ya la mitad de ellos, se acumulan las señales de selección en el índice.

Sobresale “Incidente En Azania”, la historia de un sospechoso secuestro liada con un par de vueltas de papel de regalo etnocentrista típicamente anglosajón, y que recuerda por el entorno a Kipling, aquel grandísimo narrador.

Coges una de esas frases como dejadas sin esfuerzo y ya te alegran el día: ” (…) -añadió, con un ligero temblor etílico en la voz”; o ese envío de telegramas por parte de la protagonista raptada: “Por favor, envíame el gramófomo y unos discos. Llega a un acuerdo con ellos, de lo contrario no sé qué puede pasar”, y en el siguiente: “Querido papá: Esos discos, no. Los de baile…”

“La fiesta que dio Bella Fleace” es otro favorito, con un rancio aroma a casa de campo mucho más penetrante que la famosa La Hija De Robert Poste de Stella Gibbons, que ni mucho menos se trata de “La más perfecta novela cómica inglesa”. Si hablamos de eso, pregunten por Evelyn Waugh.

Esta bonita cubierta de una edición australiana de Penguin le pone imagen a un mundo traído hasta nosotros para nuestro particular solaz. Estos relatos avivan el gusto por una visión mordaz (sí, la loca juventud vacía de ideales de entreguerras: desayunos con ostras, señoritas no solo dueñas de su destino sino del pobre que ose cruzarse en su camino… Decadencia y caída, para terminar gordos y sonrosados…), pero también juguetona de la vida con la que ir tirando. En ella puede uno apoyarse, dejándose caer con todo el garbo que uno sepa gastar… o al menos con torpe pero gracioso estilo.

Un ejemplo del reverenciado asunto al que me refiero:

“Recordará usted lo que pasó cuando el vicario pensaba que el mayor Etheridge le estaba acosando. De hecho, a mí me explicó que el mayor le había metido agua en el depósito de la motocicleta y que pagó a seis niños del coro para que cantasen desafinado…”

Aparece simplemente como un comentario de pasada en “Estampa de época”, pero deja el consolador regusto del mejor humor británico; y uno desearía que el autor hiciera un relato con ello, al igual que quisiéramos que muchos de estos relatos se alargaran hasta convertirse en novelas enteras, porque Evelyn Waugh sería capaz de hacer que danzaran ad infinitum (al estilo de Anthony Powell, seguro que gran seguidor suyo), sin perder prestancia, frescura, ingenio.

Un párrafo ese que recuerda lo más admirable del querido P. G. Wodehouse (maestro absoluto), pensando además -porque casa tan bien-, que algo así bien hubiera podido terminar por dar una clásica película de la Ealing. O al menos una con Peter Sellers como vicario…

La hubo, la hubo: Cielos Arriba, y le hubiera venido bien un empujón así.

“Más de seiscientas páginas de hastío, abandono, decepción, inelegancia, carraspeante esnobismo y destellos de ira contenida”, leemos en el prólogo. Y es verdad que uno sale de estos relatos “Con ánimos renovados y la moral alta, como después de una ducha fría y un buen combinado.”

Wit con denominación de origen, porque él fue uno de los maestros ante el que las generaciones siguientes, animadas con su enseñanza de un voluntarioso animus iocandi (aunque no excluya la maldad del todo), sin embargo palidecen.

3 comentarios to “EVELYN WAUGH Cuentos Completos (RBA)”

  1. Manolo Says:

    Luis Goytisolo, en un antiugo artículo en El País:

    “Hay narradores que a partir de una determinada realidad -la suya, parte ya de su conciencia y hasta del inconsciente- construyen con la palabra un mundo paralelo a esa realidad, un mundo transfigurado, regido por leyes y pautas de comportamiento que les son propias. Y los hay que, como poco interesados en esta clase de empresas, prefieren dar expresión literaria a ese mundo del que forman parte y que a su vez forma parte irrevocable de su conciencia. Los primeros suelen dar paso a nuevas formas de relatar merced a su manera de estructurar el relato y al poder de la expresión verbal con que ese relato se manifiesta. Los segundos suelen relatar cómo una persona cualquiera cuenta a otra lo que le ha sucedido, sólo que con una precisión verbal que hace de su historia algo inolvidable.” Al segundo grupo pertenecería Evelyn Waugh.

  2. Manolo Says:

    Antonio Lara, a propósito de una adaptación cinematográfica de Un Puñado de Polvo”. también en el mismo diario:

    Las adaptaciones cinematográficas de obras literarias pueden revestir muchas formas y acogerse a numerosas posibilidades, pero los cineastas ingleses parecen tener derechos de propiedad sobre una fórmula concreta, marcada por un enorme respeto a la obra original y caracterizada por la recreación humilde y absolutamente eficaz de personajes, vestuarios, ambientes y acciones. Tanto si se trata del cine de pantalla grande -El sirviente y El mensajero, de Losey; Habitación con vistas, de James Ivory…- como del que se contempla en la las producciones para televisión -Retorno a Brideshead; Yo, Claudio.. – la industria británica ha creado una imagen de marca ante la que parece imposible resistirse o invocar algún argumento en contra. Todo contribuye a crear un clima hipnótico concebido para recrear la línea narrativa del original literario, pero nunca para sustituirlo o apartar a los aficionados de su lectura: sólo se busca despertar la admiración hacia la inventiva del escritor y estimular el conocimiento del libro después de ver la película, ejercicio saludable siempre.”

    Yo tengo presente la serie Retorno A Brideshead, maravillosa; ya anteriormente de verla (edición de Cameo, creo recordar… ¿o no?), había caído rendido a la novela.

    Y subrayo lo de “Todo contribuye a crear un clima hipnótico concebido para recrear la línea narrativa del original literario”, sí señor.

  3. Manolo Says:

    Que no se me olvide: la ilustración es de Fernando Vicente, tomada de su blog. Tiene un buen puñado de ases de la literatura magníficamente retratados.

    Muy agradecido.

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