6 de Diciembre: I MARATÓN CIUDAD DE MÁLAGA

(04:08:27)

La historia de mi primera maratón se resume, penosamente, en cómo banalizar la más legendaria de las carreras.

Aproveché la celebración de una maratón no muy lejos de casa, en este caso Málaga, para probar a ver qué tal. Me apunté unas semanas antes; no hice nada especial relacionado con la prueba, antes de su celebración; reservamos hotel en Málaga, con escala en Granada, puesto que era indispensable recoger el dorsal el día anterior; me presenté la mañana de la carrera en el estadio; la corrí, la terminé y para casa.

El tiempo ahora lo veo como paupérrimo, pero el objetivo era terminarla, y eso lo conseguí. Bueno, está bien.

La participación en la Media de Lorca lo pondré en el currículo de la preparación para la maratón; por poner algo, porque nada hice de especial: ninguna tirada larga más allá de hora y media o dos horas menos cuarto, sin ningún incremento en el volumen, puesto que salía no más de tres días a la semana… Vaya, que participar por primera vez en una maratón no alteró mis dudosos hábitos diarios en relación con el deporte y la salud.

Hasta el punto de que en casa andaban preocupados,  ¡y me recordaban que tenía que salir a correr! El mundo al revés.

Coincidió que, por unas cosas o por otras, sí que salía… pero de cervezas. ¡Ay, este César!…

Mentalmente lo simplifiqué de la siguiente manera: la primera mitad sin problemas, puesto que se trata de una media; después, hasta el km 30 llego bien porque son muy pocos kms más; y ya me quedará la tercera parte, unos diez o así, que eso lo hago yo porque es como si saliera cualquier tarde normal y corriente.

En fin, tipo concienzudo y previsor donde los haya.

Me ayudó el recorrido llanísimo de la prueba. De lo contrario, no sé yo si la habría terminado.

Bueno, pues la primera parte bien, sin forzar pero sin remolonear demasiado, porque seguro que cuando quisiera avivar el ritmo no podría hacerlo. Creo recordar que pasé la media en 1 hora 52′. Un par de kms antes ya iba pendiente del paso de cada km. Decidí ponerme metas de cinco en cinco kms. En el km 27 paré a hacer pis y vi que ya iba perdiendo ritmo. Empezaba a acartonarme. A partir de entonces comencé a ver a corredores parados, y a varios en el momento en el que sufrían los temidos calambres.

Por el km 30 ya iba alarmado: ¿Y si me dan a mi de esa manera tan fulminante? ¿Cuándo me tocará? Pero vaya, no: había bajado el ritmo hasta mantener un trote rastrero y penoso, pero no llegué a parar en ningún momento. Me pasaban corredores que luego alcanzaba, pues iban andando. Del 30 al 37 no recuerdo nada en particular, salvo que no me fijaba en los kms, y la mente lo agradeció. Creo que sabía que iba a poder con la maratón (creo que lo sabía ya desde antes), aunque lo de la posibilidad de los calambres retenía mi euforia.

Los últimos cinco sí que se me hicieron laargos largos. Finalmente, entré en el estadio y logré tirar de mi celebérrimo sprint para acabar con buena cara de cara a las gradas, y de paso superar a una corredora culona con pinta de ama de casa -que dios me perdone- de nombre Isabel; jaleada por el público,”El arroz no sale hasta que yo termine”, les decía.

Buen tiempo meteorológico -lluvia fina intercalada con rayos de sol-, y buena organización, aunque tras la llegada -acostumbrados a quedar envallados- a los corredores se nos dejaba demasiado a nuestro aire, sin saber muy bien qué hacer. Tumbados muchos sobre el césped, yo entré a las instalaciones interiores y volví a salir al poco, recordando que debía entregar el chip.

Ya la recuerdo como una carrera casi anodina. El grupo de corredores con los que había ido durante la primera mitad de la prueba se me escapó definitivamente cuando por el km 25 o así ya perdía fuelle. Solo, pasado por muchos y superando a alguno que otro. Sin hablar con nadie, sin comentar nada; sin recibir sabios consejos de alguien experimentado con el que compartir los kms e iniciar una amistad perdurable; sin llorar emocionado al pasar la meta, sin un “¡Lo conseguí!” histórico. En la carrera había recordado los nombres de Filípides y Spiridon Louis, pero vaya, como el que se fija en la acera que delimita el asfalto que pisas…

Felicitaciones familiares aparte, y el hecho siempre agradecido de tener su apoyo en las gradas. Como ha dicho alguien por ahí, ellos son siempre los vencedores.

A ver si la cerveza -y no hablo de una ni de dos- va a ser buena contra los calambres…

3 comentarios to “6 de Diciembre: I MARATÓN CIUDAD DE MÁLAGA”

  1. Instantáneas de Fondo Says:

    Tocayo, me ha dejado un sabor tan agridulce este comentario…

    Joder, es una MARATÓN, tu primera MARATÓN. ¿Qué demonios pasó? La acabaste, no tuviste calambres…joder, yo sigo en el dique seco, pero he soñado tantas veces con terminar una MARATÓN…este era mi año, pero la rodilla falló. Espero poder correr mi primera carrera en esta distancia en 2011. A ver si hay suerte, pero sobre todo, a ver si consigo disfrutarla (o sufrirla, da igual, pero sentirla en cualquier caso).

    Enhorabuena, en cualquier caso

    Manuel Soleado

  2. pedaladasabuenritmo Says:

    Gracias.

    Claro que sí, hombre. No pasó nada, la disfruté. Será por la idealización que me esperaba un antes y un después, un ponerme a prueba para salir convertido en otro hombre… Yo qué sé. La primera media me hizo más ilusión.

    Lo que digo es que si yo he conseguido terminarla, entonces es que esto de correr una maratón y terminarla lo puede hacer cualquiera sin ninguna preparación exhaustiva.

    Ánimo y a por ella en cuanto puedas.

    (En otro orden de cosas, ya sabrás que hay noticias acerca de lo nuevo de Bill Ricchini, ¿no?)

    Saludos.

  3. Instantáneas de Fondo Says:

    Yo creo que cada uno tiene una naturaleza, me parece que el día que me meta los 42km. no voy a acabar tan entero como tú 🙂 Sin ir más lejos, yo no puedo meterme esas isotónicas tuyas de después de carrera, si pruebo la cerveza me caigo redondo después de correr. Vamos, que me da a mí que soy un piltrafilla, para terminar en 1h 45min una media tengo que entrenar fuerte y tú lo consigues casi sin hacer salidas…es lo que hay, eres un portento de la naturaleza, yo un sufridor del asfalto 😉

    Saludos,
    Manuel Soleado

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