17 octubre: XXVII MEDIA CIUDAD DE MOTRIL

(1h, 51′ 09″: a 5’17”)

Normalmente lo que se hace es salir a correr para preparar bien las carreras a las que uno se apunta. Visto lo mío, será que participo en las medias maratones y así me pongo en forma para salir a corretear por ahí. En fin, que como la del año anterior, llegué fuera de forma, sin salir la semana anterior (solo una media hora, la tarde del jueves).

Compruebo que en la edición anterior hice 1h 45′, igual de desentrenado, así que aprieto un poco o esta afición va en caída libre. Una espectadora comentaba que cada año estaba mejor esta carrera, y con el pensamiento le respondí que yo, sin embargo, iba a peor. A ver si va a ser que sí.

Eso era por el km 12 o 13, de vuelta ya por la urbanización a las afueras de la localidad a la que el recorrido nos lleva. Una primera parte en bajada, y yo que me digo “Tú tranquilo”, no vayamos a quedarnos ya sin fuelle en los primeros kms. Porque pensaba que, si guardaba fuerzas, podría llegar a apretar en la segunda parte. “Tú tranquilo, tú tranquilo”…

Y efectivamente, poco a poco fui a menos, y supe que me tocaba resistir como pudiera en esa segunda parte de la prueba en la que me seguían pasando los participantes (¡me parece que no he adelantado a nadie!) y en la que el esperado cambio de ritmo resultó pasar de ir tranquilo a empezar a ir arrastrándome. Del 16 al 17 hice una intentona que no quedó en nada salvo hacerme desear que por favor llegara ya ese maldito km17. Y lo mismo con cada uno de los cuatro restantes. Cogía las botellas de agua en los avituallamientos para tomar un respiro y me sentaban fatal, quedándome con sensación de enfriamiento por todo el cuerpo. Como el año pasado, me dieron ganas de pararme y andar un poco. El año pasado hice seis minutos menos.

Pero no estoy triste ni enfadado.

Este año la falta de previsión llegó hasta la indumentaria: corrí con el primer par de calcetines que pillé y terminé sangrando. Encima delicado.

Vale, vale, es la primera prueba de la temporada.

Mucha participación y buena organización. En meta casi me apoyo en el corredor de delante, para descansar. Tomo agua, me dan la bolsa con la camiseta y pregunto por caridad dónde está el puesto de la cerveza. Una al trago. Este año no cogí el engendro ese de la Shandy.

Mira, algo sí hice bien.

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