MINÚSCULA

La última visita a  la librería Picasso de Almería me llevó al encontronazo con un par de libros cuyas autoras tuvieron en común el modo en que murieron: por accidente de bicicleta. Y aprovechando que desde hace un tiempo le tenía ganas a la editorial de uno de esos libros, decidí comprar El Complejo De Dinero, de Franziska Von Reventlow, y Ver Una Mujer, de Annemarie Swarzenbach.

El primero me ha decepcionado. Cómo alguien pueda considerar esta obra como “seductora” es más de lo que yo pueda imaginar. Insulsa. El argumento: “A principios del siglo XX una joven alemana de clase alta, de vida alocada y casada por conveniencia, ingresa en una peculiar clínica psiquiátrica para curarse de sus habituales problemas con el dinero. Allí compartirá sus días y sus escapadas con un extravagante conjunto de enfermos…” Me quedo como estaba, pensando en Robert Walser, o Arthur Schnitzler, Thomas Mann, Stefan Zweig… algún mejunje centroeuropeo que tenga más enjundia.

El primer librito que leo de la atractiva editorial Minuscula es Ver A Una Mujer, elegido también por la portada, en la que vemos a la autora en St. Moritz, dispuesta para la práctica del esquí.

Y algo de ambiente après-ski sería lo que deseaba encontrarme yo, al leer en la contraportada eso de “En un lujoso hall de un hotel de Saint Moritz, en pleno invierno, mientras las sombras alargadas del atardecer caen sobre los campos nevados, entre el gentío del bar y las notas de jazz se cruzan las miradas dos mujeres.” Pero este breve escrito expone la pasión y el anhelo que le provoca esa desconocida, quedándome con ganas de leer más acerca del efecto/afecto por el valle montañoso de la baja Engandina, su “tierra más genuina, en la que me muevo con más seguridad y donde me siento más liviana que en cualquier otra parte.”

En fin, ahí se quedan esos días de espera que declinan suavemente hacia el atardecer para “de repente sumergirse en noches claras e invernales repletas a su vez de sesasosiego y de un prsentimiento furtivo de felicidad”. Vacaciones de montaña de las familias pudientes de la época, el mundo del que provenía la guapa Annemarie, y de cuyos recuerdos nace esta obra. Luego vendrías los años convulsos y los numerosos viajes fuera de su patria chica que darían para más obras, algunas de ellas también en esta misma colección.

Se agradece el posfacio que ayuda a entender la existencia de este texto. Y creo que, aunque sea por la portada, merece que lo haya comprado.

Un vistazo a otras vistosas referencias de esta editorial que sigue prometiendo con su serie “Paisajes Narrados”: 

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