WILSON REIMAGINA A GERSHWIN

La clásica puesta al día a vuelta de vacaciones trajo la sorpresa de las novedades de Squeeze y Brian Wilson. Los clásicos de la New Wave se sacan un disco regrabando sus grandes éxitos, y lo hacen siendo fieles a las grabaciones originales, que son por tanto con las que uno se sigue quedando. El ejercicio sirve al menos, y no es poco, para repasar el magnífico cancionero firmado por Tilbrook y Difford (…A punto de poner “Tilfrod”).

Lo de Brian Wilson sí que es otro paso más en el renacimiento que goza su carrera, para regocijo de todos. Sigo convencido de la buena culpa que tienen los que lo rodean musicalmente. Me refiero a su banda de acompañamiento, formada por unos ilustres que entienden las maneras del pop como más gusta por aquí: loor a la tradición melódica, a las voces trabajadas y a los arreglos sublimes… Sí, ahí están The Wondermints y Jeffrey Foskett; de las dos últimas décadas, seguramente sean los dos descubrimientos salidos del lado más blandengue de la escena powerpopera (que dirán algunos) que más me entusiasmaron. A su lado, el batería Nelson Bragg, que se sacó un discazo (Day Into Night) fruto de la fértil polinización musical entre todos ellos.

Pocos casos en la historia de la música popular como el suyo, dejando de lado sus asentadas carreras personales para formar parte de la banda que acompaña al Genio. ¿Cómo no iba a merecer la pena, cuando se te presenta la oportunidad de quedarte al lado de, nada menos que Brian Wilson?

Y así facturaron la interpretación de Pet Sounds, la versión oficial de Smile, o últimos álbumes tan buenos como That Lucky Old Sun.

Ahora se produce esta materialización del proceso de unir un par de esos nombres que conforman la Gran Lista de compositores de la música popular del siglo XX que todos recitamos de cuando en cuando.

Supongo que eso de tirar del cancionero de Gershwin queda como muestra agradecida de la influencia que tuvo en Brian Wilson.

Y eso, que más que reinterpretaciones el intento va de “reimaginar” las canciones de Gershwin que, aquí en un par de casos, quedaron inconclusas. Se trata de “Nothing but love” (que cae más del lado wilsoniano), y “The like in love you” (ésta más gershwiniana, delicadísisma, mi preferida), que son precisamente las que más me han gustado. Añádase el ejercicio de intro marca de la casa que hace con “Rhapsody in blue” (todo un emocionante guiño en plan “One for the boys”), amén de algunos clásicos de esos que más gustan cuantas más son las versiones que escuchas, y sale otro álbum a tener en cuenta.

Bonita portada la de esas teclas de piano que cogen holgura para dar cabida a la imaginación melódica. Una escala infinita empujada por los vientos de la inspiración.

Por pedir, me hubiese gustado que Darian Sahanaja, el directorazo de la banda de Brian Wilson, hubiera metido esas canciones en su estudio para sacar un Gershwin más retrofuturista, añadiéndole esos detalles de chispa tan suyos, ya puestos a rizar el rizo. Pero así resulta igualmente OK, con la producción a cargo del propio Wilson.

Los dioses también tienen derecho a venerar.

Brian Wilson – The like in love you

Brian Wilson selección

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