NANCY MITFORD A La Caza Del Amor (1945)

Sigo a la caza del libro que marque una temporada. Insisto por el lado anglófilo, y la plena satisfacción se resiste de nuevo. No tengo remedio.

Lo de las hermanas Mitford sí que da para una historia de las que enganchan, y creo que hay una biografía por ahí que lo prueba. Yo piqué vía Evelyn Waugh (dichosos paratextos), de lejos el más brillante de aquella generación de ‘jóvenes airados’ que ejemplificaron la evocación de un mundo exclusivo, sofisticado, elegante, en una época recortada por guerras mundiales.

Libros del Asteroide también ha editado la parcial autobiografía del autor de las inolvidables Noticia Bomba, Los Seres Queridos o Retorno A Brideshead, titulada Una Educación Incompleta: fue el libro del verano pasado, con ese final para recordar, cuando nuestro autor, decidido a acabar de una vez con su desdichada vida, baja a la playa en una hermosa noche de luna creciente… y repleta de medusas, cuyas picaduras lo disuadieron de terminar ahogándose: “Di la vuelta y volví a nado siguiendo la estela de la luna. Tan seguro estaba de mi intención que no llevé toalla (…) Entonces subí la cuesta empinada que conducía  hacia todos los años venideros.”

Seguramente insoportable en persona, su estilo literario se impone de manera magistral, por lo menos para mí. Por él sé de nombres como Anthony Powell (otro cualificado escritor), Harold Acton (la editorial Lumen también ofrece más material para ser devorado por las huestes anglófilas), o Nancy Mitford, al parecer la más literaria de las arrolladoras hermanas.

A La Caza Del Amor va, ay, de más vidas aristocráticas: siempre me hará gracia eso de la temporada de bailes en Londres. En este caso la cosa gira alrededor de Linda Radlett y su búsqueda del amor. Tenemos la casa de campo de Alconleigh perteneciente a los Radlett, con un tío Matthew que cumple con el papel de bufón pero sólo en parte (personajes infinitamente más poderosos fueron ofrecidos, siempre, por el querido Wodehouse. Otra vez la misma vara de medir, pero es que…), aunque parece que la novela es autobiográfica en buena medida.

Y nada, que algo hay de esa mezcla entre cháchara y finos apuntes literarios de la que hablaba Waugh, recomendando su lectura. En mi caso es hacia la mitad cuando me doy cuenta de que el libro puede salvarse, disfrutando lo que ofrece: la foto en blanco y negro de una Mitford elegante, sí que es verdad.Y tras saber del fracaso del matrimonio entre Linda y el hijo de un conservador burgués, con interesantes comentarios acerca de la diferencia entre los terratenientes de la campiña y los capitalistas de la ciudad, seguramente me quedo con el episodio de su unión -igualmente abocada al fracaso- con el comunista Christian: el empeño de Linda en adecentar una librería de rojos, o la misión vivida en Perpiñán con los refugiados españoles quedan como un par de momentos absorbentes. Después llega la aventura con un duque francés, y el interés decae un poco. Pero termino reconociendo en la Mitford una habilidad para conjugar lo irreverente con lo sustancial, todo dejado por escrito con elegancia. Ya digo que se ve atractiva en la solapa.

Puede que me atreva con la siguiente, Amor En Clima Frío, también en la editorial del asteroide en cada cubierta cuyos lanzamientos vigilo con interés.

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