17 junio: EL PICO LÚCAR, POR EL SAÚCO

Una buena manera de celebrar el coche nuevo de Felipe fue servirnos de él para acercarnos hasta “El Sabuco“, con el objetivo de subir hasta la caseta del cerro Lúcar: dejamos entonces la carretera de Cúllar y nos metemos por allí a la izquierda, al poco de traspasar la frontera con Granada.

Vamos ya por camino de tierra compacta, a veces de surcos con relieve considerable a causa de las pasadas lluvias. me entero que lo de Saúco viene por un tipo de árbol.

Por el cortijo Las Monjas hacemos la curva a la izquierda y seguimos de frente la indicación ‘Lúcar/Tíjola’. Llegamos al cortijo El Gigante, siguiendo el camino que ya va cambiando la arcilla seca por algo de grava y piedra suelta, pero el firme está compacto, así que subiremos en coche por entre el Calar del Puerto y Casalavá. Estamos en la Sierra de Lúcar, y curveando entre un barranco a la izquierda y un bonito rincón de álamos y pinos a la derecha, subimos hasta un cruce de caminos, a los pies del monumento natural de Piedra Lobera, vistosa pared de piedra coronada por una blanca caseta que alberga una torre de vigilancia con antenas y demás aparatos de recogida de datos. Está el guarda porque hemos visto el coche.

Felipe se pone un poco aprensivo conforme ganamos altura y la pista forestal va perdiendo la segura ladera de pinos que tan bien cumplen su labor contra la erosión del terreno. Pero las vistas que ofrece el lugar compensa, y así lo entiende él también.

Llegaremos hasta la caseta y disfrutaremos de la vasta paronámica que ofrece el Pico Lúcar (1.722m) a nuestro ya acostumbrado estilo: con una cerveza; aunque esta vez el quinto en botellín se haya cambiado por lata, y la Mahou clásica etiqueta verde sea hoy cinco estrellas, menos apreciada por este par de agradecidos senderitas. Otro clásico es el comentario ese que dice “¡Vaya hombre, me he dejado el tabaco en el coche!”.

Aprovechamos para acercarnos al vértice geodésico, unos metros al este del camino que lleva hasta la caseta. la vista se pierde en dirección a la siera de Baza.


Fuerte olor a macho cabrío durante todo el trayecto y especialmente por allí arriba, pero no me atrevo a decirle a mi amigo que la camiseta que llevo es la misma que la del día anterior.

Bajamos ya, que se nos hace tarde. El entrechocar de las latas vacías de cerveza en mi mochila se confunde con los sonidos de los cencerros del ganado, que escuchamos a lo lejos. También llega nítidamente hasta allí arriba el croar de las ranas de la balsa que hay abajo, junto al aparcamiento. Como siempre, los enriquecedores apuntes que Felipe hace de la fauna y flora que se nos presenta son escuchados con interés.

 

Y así completamos la excursión, con animosos comentarios de mi compañero que no conocía el sitio. Una rápida revisión entre la roca, para confirmar la existencia de cuevas:

 

Este todo camino se comportó como se esperaba. Y aunque Felipe sigue guardándole un sitio en su corazón al R 6, lo cierto es que el nuevo coche que lo suple resulta mucho más adecuado para el uso que su dueño le da. Ya estamos deseando que nos acerce a otros lugares de interés. 

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