Avalancha Philadelphia

mayo 10, 2012

El tema de las reediciones dentro de la industria musical, en estos últimos tiempos, está decantado hacia las meadas fuera del tiesto cada vez más exclusivas: la de los Smiths; aquella de Elvis Costello con unas gafas de regalo… Meadas y remeadas, porque hay que ver los repasos que se vuelven a hacer a la discografía de los Kinks o los Byrds, o esa edición del What’s Going On… ¿Serán de este tipo los últimos grandes bocados que las hambrientas multinacionales les meterán a los aficionados?

Conocía Superdeluxeedition como sitio para estar al tanto de este tipo de novedades excesivas (¡cinco discos para la reedición de Ram, toma ahí!), y hace poco me he encontrado con uno mejor, The Second Disc: más interesante y completo que el anterior, con amplias entradas de cada referencia; con esclarecedores apuntes, críticas o sugerencias en los comentarios; con apartados dedicados a repasar las reediciones de algún artista y con secciones como Reissue Theory en la que proponen futuribles reediciones deseadas.

Es en ese sitio donde me entero del masivo lanzamiento de material philly, con la excusa de los cuarenta años de Philadelphia Internacional Records, el sello de referencia del llamado sofistisoul y, desde luego, la expresión definitiva de la sinergia musical en un estudio de grabación.

Ahí está esa caja con diez discos a cargo de Ralph Tee (quien ya se sacó una de catorce vinilos en el 86), cuyo libreto, al parecer con toda la discografía, tiene mejor pinta que ese monstruo cederil desplegable, de título Philadelphia International: 40th Anniversary Box Set.


La otra gran referencia de la campaña es Philadelphia International: The Tom Moulton Remixes, una caja con cuatro cedés dedicada al primer gran mezclador, Tom Moulton, cuyo trabajo fue básicamente alargar el éxtasis sonoro  de las canciones sobre la pista, pero salvaguardando, afortunadamente, su ADN. El diseño de los platos con el logo del sello está muy chulo, y lo mejor es que parece que está bien de precio. No sé qué tal el libreto.

Hay alguna referencia más (una con re-edits; otra con una grabación en directo; otra más con el trabajo previo de Gamble y Huff), y podríamos acordarnos, como bien hace el sitio, de otras cajas dedicadas al sello y atractivas en su momento: The Philly Sound: Kenny Gamble, Leon Huff and the Story of Brotherly Love (de 1997, con tres discos), centrada en el trabajo de la famosa pareja) y Love Train: The Sound of Philadelphia (2008, cuatro), teniendo más presente lo que se grabó en aquellos estudios Sigma Sound, recogiendo pues el trabajo de otros nombres no menos ilustres como Thom Bell, Bobby Martin, Vince Montana…

Por aquí no poseemos ninguna de ellas, pero me da que difícilmente traerán la misma emoción de aquellos volúmenes que la CBS editó en España con el título El Sonido De Filadelphia, conseguidos por las tiendas de segunda mano.

Fueron ellos, esas ediciones baratas y manoseadas, los que guardarán por siempre la emoción original de estas canciones con arreglos inolvidables. Unas ediciones particularmente definitivas.

O’Jays – pon tus manos juntas

6 mayo: IX CARRERA DE MONTAÑA VALLE DEL ALMANZORA

mayo 8, 2012

(21.097m: 1h 57′ 38″)

La segunda participación en esta carrera me confirma que se trata de una de las pruebas populares destacadas en el calendario que cada cual puede confeccionarse durante la temporada. Sus atractivos son muchos, resumidos en el reto de su dureza y en la organización de una prueba con conciencia ecológica y que de la mano de cuatro municipios consigue que participantes y familiares disfruten de los encantos naturales de esta parte de la Sierra de Los Filabres. Magnífica manera de promoción.

Como siempre, la mala memoria (producto de los efectos de la retroalimentación positiva que uno recibe al participar en estas pruebas populares) hizo que la afrontase de manera algo engañosa: solo recordaba la dureza de esos terribles seis o siete kilómetros a base de curvas en ascensión continua que nos encontramos tras pasar por el puente del río Bacares. Pero habíamos llegado ahí -coincidiendo con la mitad de la prueba- con dos duras subidas ya en las piernas: de Tíjola a Bayarque y la que nos dejaba, tras pasar esta localidad, ante la bajada hasta el río para afrontar, inmediatamente, la subida por el otro lado del valle de este afluente del Almanzora. Recorrido rompepiernas que solo ofrece algo de tranquila pausa para ir calentando motores al atravesar Tíjola.

Si bien cierto despistado corredor tuvo que preocuparse de no mojar sus  zapatillas en ese trayecto:

Una carrera de montaña con agradecidos detalles: el desayuno en la plaza del colegio de Armuña (y otra vez la sensación de ensuciar la pureza de esa ecoescuela al abalanzarnos sobre sus aseos); el apoyo de la gente en Bacares al llegar a meta, en una subida final matadora tras venir lanzado en bajada durante los dos últimos kilómetros; la bolsa del corredor con sus detalles alimentarios; la comida en la plaza del pueblo y los autobuses disponibles para el regreso a Armuña…

Todo volvió a sumar para hacer de esta prueba una cita especial para disfrutarla, si se puede, en familia.

Al volver en autobús es cuando verdaderamente te das cuenta de la altura que tuvimos que superar durante esos kilómetros de curvas en subida que se me hicieron, más que la primera vez en 2010, interminables: “Me paro, no me paro”… Así iba, viendo como a algunos corredores que paraban en los puntos de avituallamiento se les hacía imposible retomar el ritmo. El mío era muy penoso, pero sabía que si paraba para respirar tan solo por un instante, me resultaría fatal.

El objetivo era volver a acabar sobre las dos horas. Llegó un momento en que lo cambié por llegar, simplemente, a meta sin pararme. Lo logré y por eso estoy contento. Sorprendentemente, mejoré en unos segundos la marca de 2010.

Como era de esperar, en una prueba en la que hay que tirar de fondo y conocerse muy muy bien, los veteranos barrieron a los séniors en categoría masculina y femenina.

CARESS – I can’t let you walk away

mayo 4, 2012

¡Y Patrick Adams se nos apareció otra vez!

Encontrada en el recopilatorio Deep Disco Culture Vol. 2 (Suss’d Records, 2007), se trata de otra fina rodaja cortada por el rey neoyorkino de la música Disco en 1977, con unos ingredientes elegantemente mezclados que la hacen muy apetecible: aparte de esa marcha de charles que es marca de la casa, le notamos un suave, fino y delicado gusto Philadelphia que en adelante perderá en sus producciones, que iban a lo que iban y resultaron más frías.

No así esta “I Can’t Let You Walk Away”, ejemplo de calidez que atrapa con los arreglos de cuerda y con esos juegos de voces que son una delicia.

Ha tenido su momento de Canción del ídem y empuja con fuerza para un posible tercer volumen de Celestial Disco.

Y parece que el álbum original en la que aparecía presenta unas cuantas más así. Lo buscaremos.

Caress – I can’t let you walk away

Tiempo para la publicidad

mayo 4, 2012

Vía The Canadian Design Resource

1 mayo: de Cantoria a la Terdiguera

mayo 2, 2012

(Oria-R. del Toyo-R. de Los Morales-R. del Arquillo-Partaloa-La Cañada-R. Lentisco-Cantoria-camino hasta Venta Guarducho-Cañada Lóbdar-Albox-Las Pocicas-El Saliente-Cerricos- El Margen-Barranco de Quiles-Oria: 73km. 4h 42′)

El objetivo de esta salida era probar ese camino que, por encima de Cantoria, lleva hasta la altura de La Terdiguera, donde -ya al otro lado de la carretera-, subiremos por la izquierda del circuito de motocross hasta Albox, entrando por La Cañada. Esta vez aprovecharemos para subir hasta El Saliente, regresando a Oria por Los Cerricos.

Últimamente visitamos Cantoria con asiduidad, a la que llegamos vía rambla de Lentisco (desde La Cañada de Partaloa), pasando al lado del polígono industrial, por debajo de la autovía. Callejeando dirección este por los barrios altos de la localidad, damos con una antigua carretera, habida cuenta de los restos de asfalto que de cuando en cuando nos encontramos, entre tanta piedra suelta:

Ya, hoy no tenemos una ruta precisamente vistosa, paisajísticamente hablando; pero en fin, ya conocemos otra variante más. Nos llama la atención los antiguos muros de protección en algunas curvas…

… así como los desgastados hitos kilométricos. Al fondo, una casa señorial en ruinas:

Tierras rojizas, algún grupo de eucaliptos perfectamente mimetizados, asfalto roído, hormigón desgastado por el paso del tiempo… Todo deja una cierta impresión de crudo pasado, escenario perfecto para olfatear años de sudor y miseria… Esto en pleno verano, al mediodía, puede dar hasta risa.

Y de pronto, en el siguiente recodo, vuelta al presente con la primera casa de reciente construcción plantada ahí como apresurada. No sé qué es peor. En fin, ya estamos en Venta Guarducho, y con las obras de una parte de la autovía que veremos cuándo la terminan, me paro a ver por dónde tomo. La decisión lógica es pensar que al otro lado está la carretera, a la que llegamos por detrás del almacén de butano.

Pasaremos entonces al otro lado (este es el punto débil de la ruta) a la altura del circuito de motocross. Subiremos entonces por la izquierda hasta coronar. Vista atrás para apreciar, al fondo, el blanco edificio de Repsol Butano al que llegamos de Venta Guarducho:

El paisaje no mejorará arriba, precisamente. ¿Cuando será el civismo un estereotipo hispano?

Si miramos hacia adelante y abajo, veremos a Albox, publo al que entraremos por el barrio de La Cañada:

Por cierto, si es martes entonces hay mercado:

Salimos del pueblo por la AL-7100, camino del santuario de El Saliente, para pasarlo sin visitarlo porque ya estamos pensando en comernos el plátano en la plaza de Los Cerricos y bajar hasta la Boca de Oria, dejándonos caer desde El Margen. Y es que no nos sobraba mucho tiempo. Antes, en Las Pocicas, habíamos parado un momento para repostar:

29 abril: Carrera del Desierto de Tabernas

mayo 2, 2012

(11km: 53′ justos, a 4’49″ el km y a una velocidad de 12,45 km/h)

No va mal la temporada: de momento voy recuperando participaciones en carreras a las que por unos motivos u otros no iba desde años. Al igual que con la última de El Ejido, he podido retomar mi participación en la carrera de Tabernas, a la que le tengo especial apego por discurrir, en su mayor parte, por rambla. Y por rambla es el terreno al que creo estar más acostumbrado, por donde más “cómodo” voy.

Este fin de semana me pillaba “a contramano” por estar en Oria y no en la capital, desde donde me habría sido rápido llegar; pero desde Oria era casi como volver a Almería: 140 kilometrazos ida y vuelta para encima tener que volver a Almería a los dos días… Algo poco práctico y contrario a las buenas maneras concienciadas.

Viene a cuento porque la puntilla la puso el programa de Radio 3 que escuchaba mientras conducía de camino a la prueba: Escribano Palustre, de Benito Pinilla, que ese día se marcó un magnífico tanto con la participación del filósofo Jorge Riechmann, que dejó al oyente una lúcida reflexión sobre economía verde, de la que recuerdo comentarios esclarecedores como ese cuento de hacernos creer que no podemos permitirnos bienes sociales básicos; o la necesidad de ver el sistema económico de otra manera, con la diferenciación entre una economía productiva (la que genera bienes y servicios), la financiera (que tanto peso ha adquirido en estos tiempos) y -lo que se olvida- el nivel básico de una economía “real real”, la de los recursos naturales sin los cuales los otros dos niveles no podrían funcionar, y a la que se le viene dando la espalda desde hace décadas.

Yo, con mi coche camino de Tabernas, no estaba siendo precisamente consecuente con una reflexión tan acertada.

Me alegró cruzarme con bastantes coches cargados con bicis en una mañana dominguera tomada al asalto por los aficionados al deporte.

Y nada, que el día estaba algo fresco y con algo de viento; que volví a tener la necesidad de “ir al baño” un par de veces antes de salir, y que medio olvidé que sabía que esta carrera la marcan sobre todo un par de cuestas: la que sube desde la rambla hasta el poblado del Oeste y, sobre todo, la que de regreso asciende hasta el pueblo evitando la carretera asfaltada. Me acordaba de la primera pero no tanto de la segunda, que me sorprendió por su persistente subida un poco larga de más.

No quise forzar bajando por la rambla para guardar fuerzas a la vuelta. Una vez terminada la carrera, me quedó la impresión de poder haberme vaciado un poco más, aprovechando mejor el tramo de rambla.

Pero no sé qué me pasa que también termino esta carrera contento. Compruebo y ¡vaya, he mejorado en algo más de dos minutos el tiempo de 2010! Miro la clasificación y termino a 4’49″ el km, lo que no está mal, considerando el trazado.

Y esta vez, por una vez, hasta fui pillado -aunque sea de soslayo, al sesgo- por el fotógrafo oficial. Uno de naranja -el de más pálido tono- pasando por los decorados western, tratando de controlar el resuello:

Todd Rundgren C90

mayo 2, 2012

Y en el apartado de emociones redivivas grabadas originalmente en cassette, hasta aquí traemos el recopilatorio dedicado a Todd Rundren, aquel brujo que solía dominar la sala de producción para sacarle caleidoscópica magia musical.

Conocido a través de la inmejorable carta de presentación de su canción “I Saw The Light” (escuchada en Flor De Pasión), cuando además supe de aquel proyecto suyo de Utopia con el disco Deface The Music (esta vez gracias al Hush! de Eduardo Ranedo) y también que había sido elegido por Andy Partridge para que produjera el Skylarking de XTC, entonces ya entendí que su nombre podía indicar la presencia de una buena veta musical.

Músico total de los que por aquí gustan: compositor, intérprete, productor, ingeniero… cuya discografía fui adquiriendo ya en vinilo de segunda mano, ya en las reediciones que hizo Rhino en CD. Y así se me quedó, de manera incompleta porque, tras el muy disfrutable Healing (1981) me desentendí de sus discos a partir de los ochenta; por culpa de 2nd Wind o With A Twist, no sé: uno de estos que tengo y cuyo sonido mainstream falto de canciones con sustento me echó para atrás, y yo no quería emborronar la imagen que tenía de él como sabio constructor de melodías, cuando se ponía. Y eso que ya conocía el lado más cósmico y heavy de buena parte del proyecto Utopia, pero lo veía como el capricho consentido de uno de tus sobrinos favoritos. El caso es que no conseguí ni Faithful (1976), quedándome con las ganas de escuchar, más que su lado de versiones, el de originales suyas en la otra cara; ni tampoco su disco A Cappella (1985), por el que Patricia Godes dijo en una Rockdelux que Todd Rundgren era un músico soul, algo que entonces encontré sorprendente y que con el tiempo entendí. Cuestión de feeling.

El caso es que tenía un buen puñado de canciones, sobre todo de The Ballad Of Todd Rundgren (1971), del Something/Anything? (1972) y de Hermit Of Mink Hollow (1978, y uno de mis favoritos), así que todo indicaba que me iba a hacer un recopilatorio muy muy disfrutable, como así resultó ser.

Por muy incompleto que resultara, para mí fue suficiente para demostrar que aquel músico nacido en Philadelphia y criado con la música pop inglesa idealizada fue siempre una referencia de poderío para dar con grandes canciones pop.

También me hice un recopilatorio de Utopia en el que Deface The Music (1980) y Utopia (1982) eran básicos, aunque mi favorita suya estaba en Oblivion (1984): “Maybe I Could Change”, que para mí es toda una clásica “Flor De Pasión”.

Entonces tenía tiempo para seleccionar, ordenar, descartar, grabar y regrabar, pensando además en qué portada hacerle; de buscar trabajosamente información, de conseguir con dificultad los discos, muy poco a poco, y de disfrutar de cada nueva canción descubierta una y otra vez. Creo que hacía estos recopilatorios para dedicármelos a mí mismo, como si con ellos brindara por tantos momentos de buena música en mi habitación. Fue una buena manera de afianzar una modesta aunque sincera educación musical, porque dispuse del temple necesario para que todas aquellas canciones y discos calaran en mí.

Hace tiempo ya que me di cuenta de que fui un privilegiado por poder disponer de todo aquello. Por más que ahora pueda recuperar en un pispás toda su discografía y más, y la comprima y la cuelgue a disposición del que quiera, ya nada volverá a ser como antes.

Pero en fin, guardemos por aquí un rincón para aquellos artefactos sonoros que dieron mucho juego, de los que uno guarda grato recuerdo como símbolo de aquellos años de la educación sentimental.

Todd Rundgren C90

George Beuville

abril 27, 2012

Recordando precisamente La Isla Del Tesoro, que para mí siempre tendrá como edición definitiva la del ejemplar número 27 en la Biblioteca Básica Salvat de RTVE (por pura cuestión emocional, claro está), el otro día encontré, en este excelente sitio francés sobre ilustradores, el trabajo de George Beuville para esa novela, en 1947. Si las hubiera contenido cuando lo leí en su momento, habría sido el libro perfecto:

Los trazos alargados y dinámicos de Beuville me recuerdan mucho el estilo de Christophe Blain, uno de los nombres propios aparecidos en los últimos años en el mundo del noveno arte que sigo con interés. Seguro que Blain tomó buena nota de Beuville.

Un euro por el alma rusa

abril 25, 2012

Mañana de domingo por el paseo marítimo de Almería. En uno de esos puestos de mercadillo se deshacían de unos libros, a euro por ejemplar. Cuando vi el de Tolstoi -un volumen con los relatos La Muerte de Ivan Ilich, El Diablo y El Padre Sergio- no me lo pensé.

Por un euro, una introducción al universo de Tolstoi, y encima  en aquella edición de la biblioteca básica Salvat de RTVE de finales de los sesenta, de la que tengo buenos recuerdos gracias a La Isla Del Tesoro, uno de esos clásicos leídos “en su momento clásico”, con doce o trece años.

Hasta ahora no había leído nada del gigante ruso, o sea que por aquí uno que todavía no ha leído Guerra y Paz.

Así que tan viejo y tan virgen, ¿eh? Bueno, supongo que mucho tiempo perdido por culpa de esa idea paralizante que considera que poseer una buena edición es el primer paso… O lo del momento: que si en vacaciones sería la época más apropiada para entrar en guerra con ella… ese tipo de tonterías. Pero sobre todo por culpa de una mala selección de lecturas: golosinas de novedades dejadas al poco de ser empezadas.

No hay excusas, bien sea por buena edición disponible en las librerías (todo parece indicar la de Mario Muchnik) o por cercanía: los dos tomos en rojo en casa de mi cuñado Mateo, posiblemente una edición de principios de los ochenta. ¿Por qué no atreverme de una vez con ella? Por tratarse de un clásico, segurísimo que aguanta el traspaso a cualquier idioma, atravesando cualquier frontera cultural. Por algo que me perdiera, recibiría con creces una recompensa en placer estético superior a cualquier otra obra literaria. Me lo creo.

Pero si nunca es demasiado pronto para los clásicos, tampoco es demasiado tarde. De momento este volumen amarillento con esos tres relatos de Tolstoi ya ha rendido lo suficiente como para dejar constancia aquí de su lectura, lo que significa que deja su marca en una temporada no demasiado sustanciosa de libros memorables.

Tenemos primeramente La Muerte de Iván Ilich, que no es sino la historia de su vida, como dijo Nabokov. No ha sido mala puerta por la que entrar a la mística de Tolstoi, quien en este relato nos deja un impresionante examen de conciencia por parte del protagonista, que revisa las etapas de su vida ante la proximidad de su muerte. La carrera burocrática de Iván, el éxito social buscado y esperado en una vida burguesa que deviene vacía en su momento definitivo… Un análisis psicológico para un retrato sociológico de la burguesía de su época.

El siguiente relato es El Diablo, que me resultó el menos profundo de los tres; más “folletinesco”, teniendo en cuenta que ahora nos las habemos con un joven hacendado, trabajador, con algunos remilgos de conciencia, que se busca una campesina para satisfacer sus puntuales necesidades sexuales. Con la historia de Yevgueni y su pasión por Stepanida, Tolstoi nos habla de la conciencia de clase, las ataduras sociales, la doble moral. ¿Y quién es El Diablo, la joven campesina o esa pasión irrefenable de la que es víctima Yevgueni? Víctima, lo que se dice víctima, va a ser la alegre y sencilla Stepanida, que tan bien había asumido su papel en esta vida.

Finalmente, El Padre Sergio, relato que entronca con el primero por su carga de profundidad, con el escenario del mundo eclesiástico. Inolvidables los momentos de tentación por los que pasa su protagonista. Gracias a relatos así bien puede decirse que los personajes de Tolstoi parecen reales, como señala el crítico Ch. Corbet: “Sus personajes no nos producen la impresión de ser construcciones ficticias de un espíritu bien dotado, sino de haber sido engendrados del mismo modo que los seres reales”.

Tres relatos del alma rusa, como también suele decirse, en los que Tolstoi deja expuesto tanto su idealismo (ante una prolongación que parecía eterna de la Edad Media en la historia de Rusia) como las pasiones con las que, leyendo algunas notas sobre su biografía, se las tuvo bien tiesas. Lucha entre pasión y deber, tormento interior, o esa frase que lo expresa así: “El ser humano está hecho de espíritu y materia. Pero éstas no están en reposo, sino trenzadas en una lucha a muerte.”

Uno se queda con la fuerza que desprenden los protagonistas principales de estos relatos -sobre todo los de Iván y Sergio- y con la enseñanza de verdad que pudieron sacar de aquellos secundarios a los que se contraponen: el sirviente Guerásim en el primero (“Al mirar la cara bondadosa y somnolienta de su sirviente Guerásim”), la joven campesina Stepanida en el segundo (“le abrazó con su sonriente mirada”) y la abnegada Páshenka en el tercero, que creo es mi favorito, con esa emocionante parte final en la que el eremita llega en peregrinación hasta dar con ella, y con ella el sentido por fin de su vida:

Páshenka es precisamente lo que yo debí ser y no he sido. Viví para los hombres con el pretexto de vivir para Dios, y ella vive para Dios imaginándose que vive para los hombres. Sí, una buena palabra, un vaso de agua ofrecido sin pensar en la recompensa, valen más que todo cuanto yo hice en bien de la gente.

Y entiendo que en esto reside buena parte del genio de Tolstoi: sentimos que hay más vida entre sus páginas que cuando las cerramos y salimos a la calle. Acabé con ese último relato y algún tipo de enseñanza pareció darme que iba más allá de la convicción de terminar cenando esa noche solo una manzana.

Tuve pues que pagar un euro para que, por fin, alguien como Tolstoi me revelara su alma.

22 abril: V Media Maratón El Ejido

abril 22, 2012

(1h 46′ 52″)

Volví a correr la Media de El Ejido, tres años después. La había hecho por primera vez en su segunda edición, y no me dejó el recuerdo de ser especialmente dura, como todo el mundo comenta y con razón, porque sí que lo es: dos vueltas con la principal calle del bulevar en subida. También picaba nada más comenzar alrededor del estadio de fútbol, y luego a la vuelta, por ese tramo corriendo cerca de la autovía que  sube hasta la gasolinera (para dejarse ya ir cuesta abajo por el bulevar) y que no veas cómo se pega. En la primera vuelta tiras bien, y es en la segunda cuando todo te sobra. Pero bueno, uno trata de recrearse con la gente que anima, con las tiendas a ambos lados, con la sombra de los árboles… La última parte por Santo Domingo, buscando el estadio, también se hace larguísima, con las rotondas y esos resaltos que te matan, hasta conseguir bajar para entrar finalmente en el recinto futbolero.

Sí, sí que es dura esta Media, y más hoy con el calor que ha hecho, en una mañana radiante para el deporte después de unos molestísimos días de fuerte viento.

En 2009 hice 1 hora 46′; entonces se me hacía fácil la lucha por bajar de los 5′ el km. Tres años después me cuesta muchísimo estar ahí para conseguirlo. No aprendí nada en todo este tiempo, y sigo con las mismas estupideces: las ganas psicológicas de ir al baño varias veces antes de salir; hoy incluso una vez dada la salida: a los cien metros ya estaba yo parado tras un árbol, dejando pasar a todo el pelotón. Y esa manía tonta de enganchar el dorsal con los mínimos imperdibles posibles…¡para llevar menos peso! Cosas tontas de ciclista, lo sé. Y lo peor: seguir sin una buena preparación entre semana: ésta última enganché los 10km del puerto de Almería del domingo pasado con la Media de éste, sin salir una sola vez.

Resulta algo penoso esto de terminar corriendo las pruebas populares para obligarme a salir con más frecuencia entre semana. El mundo al revés. Y nada de series ni cronómetros; nada de salidas de calidad, nada de entrenamiento. Unas zapatillas y aprovechar el momento de bajar la basura, a eso se reduce mi sapiencia atlética acumulada durante todos estos años de carreras.

Baldías aficiones: al igual que sufro torpemente con cualquier leve problemilla mecánico de la bici; al igual que tanta pasión por la música dejó pasar la idea de aprender a tocar algún instrumento, también en esto del correr me falta determinación para hacer las cosas comme il faut. Está bien señalar ufanamente que uno se lo toma como divertimento, para evitar caer en una obligación esclavista que resulte contraria a las buenas y sanas costumbres de siempre, pero lo mío ya es más bien algo demasiado a la buena de Dios.

Y sin embargo… ¡Leche, estoy contento! Durante toda la primera vuelta intenté ir controlando al ciclista que marcaba con la bandelora el tiempo de 1h 45′ en meta, mi objetivo, hasta que casi al final de la segunda subida por el bulevar empezó a irse. Luego a la vuelta, bajando, vi que iba a ser imposible cogerlo.

Pero en esas estaba cuando entonces se me puso otro ciclista al lado dándome ánimos: era Paco, un compañero de trabajo que había hecho la carrera de una vuelta, la de 11km, y que había cogido la bici de casa para completar la mañana.

¡Qué bueno que llegaste, Paco! Porque con tu compañía animosa tiré de empuje para acabar quedando más cerca de esos 45′ que de los 50′ en los que seguro habría acabado cayendo.

Ya sé que es uno el que debe ponerse su propio ritmo, pero como no me fije pequeños objetivos a perseguir no hay manera de sacar empuje de mi cuerpo. Si tuviera siempre alguien al lado para ladrarme o acariciarme en los momentos más indicados…

En meta, la ya tradicional caja de hortalizas de la tierra, símbolo de la prueba. Dos cervezas rápidas y para casa.

Qué agujetones…

 


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.