Celebremos con alegría iniciativas como la de estos jóvenes, amantes de la tierra por la que pisan. Me parece toda una lección de cómo emplear el tiempo libre, aunando diversión con avidez de conocimientos. Sana envidia, porque uno nunca supo cómo hacer realidad algo parecido. Nuestra tierra se lo merece. No, no está todo perdido.


